Libros

Ediciones Paidós. Páginas: 92. Edición 2011

¿Hacia dónde va el mundo?


Edgar Morin. Traducción: Álvaro Malaina

Con este nuevo libro, Morin pone al lector ante la duda acerca de los que se denominan expertos y con ello bien asumido empiezan a predecir de manera totalmente ingenua.

“Así, el pensamiento tecnoburocrático creía que podía prever el porvenir. Creía incluso en su optimismo idiota, que el siglo XXI iba a recolectar los frutos maduros del progreso de la humanidad.

Pero, de hecho, los prospectivistas han edificado un futuro imaginario a partir de un presente abstracto. Un pseudopresente cebado de hormonas les ha hecho las veces del futuro”.

Edgar Morin ofrece un texto reflexivo y a la vez altamente crítico con los caminos que se han seguido para llegar al presente actual. Un presente que no se puede desligar del pasado, obviamente, y al que cabe darle el valor real pues es sobre este presente que se está edificando el futuro. El autor pone el foco en como los tres elementos del tiempo se influencian sobre todo cuando se pasa a la lectura y a la interpretación de los hechos que se vayan dando. Señala el papel de los analistas, de los que se denominan expertos y que habitualmente no hacen otra cosa más que equivocarse en sus predicciones, basadas en su concepción lineal de la causalidad. Pero, además, habla de un pasado que también se construye a partir del presente.

“El pasado es construido a partir del presente, que selecciona lo que, a sus ojos, es histórico, es decir, precisamente lo que, en el pasado se ha desarrollado para producir el presente, La retrospectiva hace así en realidad –y con toda seguridad– de prospectiva: el historiador que trata los años 1787-1788 prevé con perspicacia lo que, en los eventos de esos años, prepara la explosión ulterior (evidentemente del todo ignorada por los actores y testigos de este periodo prerevolucionario). Así, el pasado cobra sentido a partir de la mirada posterior que le da el sentido de la historia”.

El libro pone relieve las interrupciones, imprevistas, que se producen en las sociedades, en su evolución y en sus revoluciones. Señala que el devenir del mundo no es lineal y que en cualquier momento algo hace que aquel camino previsto se tuerza. El presente es un buen ejemplo de ello.

De la mano de uno de los grandes filósofos de nuestra época, el futuro del mundo queda en el aire. Sus observaciones, generosas y ricas, le dan un sin fin de posibilidades a este devenir que para los más osados resulta fácil de aventurar pero para quienes se detienen a observar y pensar ven que la incertidumbre, en esos momentos, es la reina.

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