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La irresponsabilidad no es trivial


Colomer, Jordi.

Datos del autor: Dr Jordi Colomer Mascaró Profesor consultor UOC jcolomerxp@gmail.com

Desde hace unos meses estamos inmersos en una situación, que a pesar de contar con un amplio consenso de que el sistema sanitario actual parece ser insostenible, a la vez observamos un desacuerdo informal de que es factible que pueda ser eterno. En este sentido, por un lado se han editado sólo en el 2010 por lo menos 7 informes1,7 sobre el sistema sanitario realizados por distintas entidades (fundaciones, comisiones, consultoras, agentes sociales…). En su conjunto, con estos informes padecemos de una sobre dosis de diagnósticos, que se acompaña de una falta de acción. Por otro lado, la percepción mayoritaria (70%) según el barómetro de sanidad8 es que el sistema sanitario funciona bien, aunque son necesarios algunos cambios y que necesita cambios fundamentales aunque algunas cosas funcionan bien.

En los últimos años la bondad de los ingresos se acompañó de una inercia en el incremento de los costes. De golpe, y ya han transcurrido 3 años, sin aquellos ingresos y metidos en una batalla dialéctica de reforma o privatización, y reforma o recortes, el sistema está sin barrer de todo aquello que es fútil, inútil y perverso.

Padecemos de un sesgo cognitivo, que no por ser frecuente es poco conocido, por el cual solemos ser más indulgentes por omisión con la ausencia de decisiones que con la toma de decisiones, porque tenemos la tendencia a juzgar más los daños que resultan de una decisión que las peores consecuencias del resultado de no hacer nada. Sin embargo, en la actualidad tenemos la suficiente perspectiva y conocimiento, a la vista de lo que sucede en otros países de nuestro entorno, como la falta de decisiones a medio plazo comportan, a posteriori, otras decisiones mucho más contundentes de las que se hubieran podido tomar ya en su debido momento.

Parece que los argumentos, los datos y las evidencias no son suficientes, y a pesar de disponer a lo largo de la historia de distintos calendarios (Justiniano, Gregoriano, el de la revolución francesa,...) el que marca las decisiones es el calendario electoral.

Esta pasividad nos puede hacer pensar que somos unos irresponsables, que significa la voluntad en priorizar los intereses particulares por encima de los generales. En primer lugar las circunstancias no ayudan, pues no es fácil de explicar como la solución de una crisis de origen financiero pase por una contención en el gasto público y en particular en el sanitario, que no han sido la causa de la crisis. En segundo lugar, como se puede explicar que personas honestas y de buena voluntad, sean contrarias a cualquier propuesta de reforma del sistema, bien en forma de una reforma de la burocracia administrativa, o se trate de una mejora de la eficiencia para controlar el habido derroche y descontrol presupuestario.

En la actual situación es relevante que el rechazo de cualquier propuesta de medidas para hacer solvente el sistema sanitario, no sólo esta encabezada por las partes “interesadas” sino también por una mayoría de personas “desinteresadas”. Esto se puede explicar por “la banalidad de la irresponsabilidad”. Este término es una adaptación al concepto de la “banalidad de la maldad” de Hannah Arendt (1906-1975), que tan bien describe y comprueba científicamente Philip Zimbardo en su libro Efecto Lucifer.

Por lo general ante situaciones que se acompañan de conductas malvadas tenemos determinada tendencia a pensar tan solo en la responsabilidad individual ya que nos libera al pensar que en una situación similar nosotros, no actuaríamos de la misma manera. Por consiguiente, se infravalora el efecto situacional que enfatiza el poder que ejerce el entorno en nuestras propias conductas.

Para que el entorno pueda modular las conductas de personas normales y sean capaces de generar conductas reprobables y no esperables como comportarse de forma irresponsable, se requieren unas determinadas circunstancias.

Por un lado una des individualización de las personas. En el sector sanitario no es extraño este efecto, por una tendencia mayoritaria a un proceso de homogeneización, burocratización y politización que se acompaña de dilución de responsabilidad de nuestros actos, sentimientos de anonimato y pérdida de necesidad de rendir cuentas, entre otras, que facilita una conducta gregaria que penaliza el pensamiento crítico. Otra circunstancia es aquella deshumanización necesaria que permita tomar decisiones reprobables a otras personas por su condición de inferioridad. Tampoco no nos debería resultar extraña este efecto dado el largo recorrido de mejora de efectividad y afectividad que presenta nuestro sistema sanitario.

En los últimos años los incrementos presupuestarios han sido notables en los epígrafes correspondientes a masa salarial, que no se han visto acompañados de un aumento de actividad y calidad significativa. Parece que las mejoras han sido más orientadas a los prestadores del servicio público que a mejorar el servicio público a sus usuarios. Efectivamente, todo ello es opinable, dada la escasa información accesible en resultados clínicos y económicos de que se dispone en este sector, sea dicho de paso.

Por último, un tercer efecto necesario para complementar los anteriores (des individualización y deshumanización), es una cierta indulgencia, cuando no pasividad, de la autoridad normativa ante determinados comportamientos irregulares (todo vale) y su actitud de complacencia con el sistema sanitario (el mejor del mundo).

Una autoridad expresada a muchos niveles, tanto en la política, como en la dirección, y en la práctica clínica. Un entorno que presente estas circunstancias, sumadas con más o menor intensidad, puede explicar la presencia de hechos reprobables con la aprobación mayoritaria por omisión del resto. Por todo ello, no es tanto un problema de “manzanas podridas” sino el de disponer de un mal cesto, que tiene un efecto tóxico sobre nuestras “buenas manzanas”.

Esta banalidad de la irresponsabilidad no es un argumento para justificar determinadas conductas individuales irresponsables; pero si que puede ayudar a tener una visión más ajustada en el caso de tener que juzgar determinadas conductas.

El saber de la posibilidad de estar en un escenario que facilite la banalidad de la irresponsabilidad, el contrapunto es reconocer el heroísmo de aquellas personas, que a pesar de aquella aprobación gregaria y de evitar seguir instalados en la desesperación continua (el no, como premisa, para que no cambie nada), apuestan con su trabajo del día a día alcanzar un sistema sanitario solvente y afectivo no tan solo para ahora sino también para las próximas generaciones. Todos tenemos la posibilidad de actuar cuando otros son pasivos, dejar de lado nuestro ego y estar dispuestos a hacer un sacrificio personal para la causa.

Confieso que las expectativas sobre la mejora del cesto no son muy altas, cuando ante la exposición de un Consejero que justifica sus medidas porque viene del futuro, otro Consejero atrapado en el presente, no alcanza a ver este futuro si no es después del calendario electoral.....del 2012!!. Todo un reto que nos podría llevar al desastre.

Bibliografía

1. Impulsar un cambio posible en el sistema sanitario Mc Kinsey_FEDEA 2010 http://www.medbook.es/forum/topics/... 2. Sostenibilidad financiera del sistema sanitario_Antares 2010 http://www.actasanitaria.com/filese... 3. Informe Bernat Soria_Abbott 2010 http://www.informebernatsoria-abbot... 4. Otra gestión es posible_CCOO 2010 http://www.1mayo.ccoo.es/nova/files... 5. El futuro del modelo sanitario_Academia de Ciencias y Artes 2010 http://www.academia-europea.org/pdf... 6. Quince temas candentes de la Sanidad española para 2010_ PcW 2010 http://kc3.pwc.es/local/es/kc3/publ... 7. Desarrollo autonómico, competividad y cohesión social en el sistema sanitario_Consejo Económico y Social 2010 http://www.ces.es/servlet/noxml?id=... 8.Barómetro Sanitario.Información anual. http://www.msps.es/estadEstudios/es...

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