Editorial

La crisis que venimos resistiendo y la luz al final del túnel


Mariano Guerrero, secretario de SEDISA y catedrático de Gestión Sanitaria de la Universidad Católica de Murcia. UCAM

Escribimos en estos días fatídicos que ojalá pronto formen parte de pasado. Hoy la prima de riesgo marca record y supera los 400 puntos. Hoy la Bolsa sigue bajando, nos amenazan con intervenciones y nadie se asusta de las amenazas de ERES en la Administraciones Públicas. Los Ayuntamientos empiezan a desprenderse de su patrimonio y estudian externalizaciones de servicios hasta ahora considerados inequívocamente de gestión pública. Es evidente que la situación es desesperada, porque por algo aprendido en el pasado, cuanto más calma se nos pide a los ciudadanos, pensamos que al asunto anda aún peor.

¿Pero qué hay de nuestro sector?. Ya no vale seguir diciendo no es un sector de gasto, sino generador de riqueza. Los proveedores sanitarios, algunos sin cobrar desde hace más de un año, no lo consentirían. Pues bien, ante esta situación se han realizados toda suerte de diagnósticos, inclusive diferenciales. Algunos de ellos magníficos.

Pero ya no es tiempo de juegos florales y de toreo de salón: estamos en la antesala del precipicio. De qué nos vale tener uno de los Sistemas Sanitarios mejores del mundo en prestaciones, en calidad y en satisfacción de los pacientes y sus familiares, si no podemos pagarlo y permitírnoslo. Vivimos, en este sentido, en el país de las maravilllas.

Tenemos que aceptar que el sector sanitario necesita una especie de rescate. Acaso el sector sanitario no es tan importante como el bancario, que ya lo ha recibido. Preguntemos a los ciudadanos. Pero a nuestro criterio no basta con ello, pues sería pan para hoy y hambre para mañana. Hay que dar pasos coordinados y en direcciones no erráticas.

Hacen falta profundas reformas del sector sanitario y no solo organizativas y estructurales, incluyendo el análisis de las prestaciones y los modelos de prestación. Debemos de pensar en grande, porque grande es el problema. Un sector que se necesita, que se valora positivamente y que no se soporta económicamente, es un enorme problema y una irresponsabilidad consumir más tiempo a la espera de que el tiempo se convierta en bálsamo o en terapéutica.

Señalábamos las magnificas aportaciones al análisis del tema que nos ocupa. Muchos expertos generosamente han expresado su ciencia y conocimiento: sus ideas de cómo resolverlo. Muchos responsables políticos también, a veces expresando filias y fobias a asuntos como el copago o la participación de los ciudadanos en el proceso del enfermar y del curar. Un ejemplo de ellos el debate de la implantación o no del copago, que debemos de cambiarle el nombre al asunto, pues ya está destrozado el concepto, por tanta opinión.

Todo estupendo, pero el tic- tac del reloj continúa implacablemente. Cuando releamos este escrito, quien pueda y quiera, ya será final del mes de septiembre. Hasta cuando el tiempo de los diagnósticos y para cuando la etapa de los tratamiento, incluidos los radicales y no solo los paliativos. En nada de tiempo hemos cambiado el discurso de hacer más por menos, mejorando la productividad, por el hacer menos por mucho menos, porque menos recursos hay, porque los catálogos de las prestaciones son evaluables y porque podar lo innecesario es bueno, en época de crisis, para salvar lo esencial.

No puede ser el mismo catálogo en época de abundancia que en época de crisis. Lo que si ha de ser igual son las prestaciones esenciales, la calidad de las mismas y la accesibilidad a las prestaciones. Un catálogo de prestaciones sanitarias, como el actual, puede ser podado, léase priorizado. El recorte es una ley natural, hay árboles que si no se podan se mueren. El objetivo es la garantía de lo esencial, porque quitar no lo esencial no modifica la calidad del sistema sanitario.

Muchos pensamos que las reformas, desde una premisa clínica, son posibles, beneficiosas y no alteran el principio de calidad del sector sanitario. Hay márgenes clínicos para ejercer las mejoras, preservemos lo esencial, como preservamos a las especies en peligro de extinción.

Somos ineficientes en algunas de nuestras estructuras proveedoras de servicios sanitarios, simplemente por el tamaño de las organizaciones, como lo son los ayuntamientos pequeños, donde es imposible aplicar ninguno de los beneficios de las economías de escala. Somos ineficientes en alguna de nuestras organizaciones, porque no están centradas en el objetivo fundamental que es el paciente y atienden más a otros intereses, incluidos los de los profesionales sanitarios.

De la misma manera que hay que asumir que algunas de las decisiones tomadas en los últimos 20 años ya no son efectivas, han caducado, incluidas algunas tecnologías sanitarias. Hay que rectificar sin dilación. Si algo de lo trasferido no es operativo, rectifíquese. Hay que aceptar que equivocarse es de sabios y que rectificar ennoblece. Si algo de lo que hacemos no es fundamental, si nuestras organizaciones están más centradas en ellas mismas y sus actores y menos en las necesidades de los pacientes: Tenemos que cambiar.

Debemos de plantearnos si la relación de agencia en la que se ha basado la mayor parte de la prestación de los servicios sanitarios ha llegado a su fin. En fin, aceptemos que tal vez el modelo está agotado y actuemos sin pavor y con celeridad.

En las crisis la velocidad es un multiplicador de éxito. Las crisis cambian el paradigma y ponen de moda cosas que todos saben, pero que no se dicen. En este sentido, saber comunicar a los ciudadanos como y cuando se han de utilizar los servicios sanitarios es fundamental. Se pondrá de moda el hablar del concepto de la salud percibida, como elemento inductor de utilización de los servicios sanitarios. Habrá que hablar sin dobles sentidos de que una cosa es el envejecimiento fisiológico y otra el envejecimiento patológico.

Habrá que analizar ya no sólo el gasto farmacéutico, el número de recetas o el gasto por receta, para entrar en el análisis de la adherencia de los ciudadanos a los tratamientos, sobre todo en los tratamientos de largo recorrido, para enfermedades crónicas.

La evaluación del gasto no es una herramienta definitiva, se ahorra más efectivamente y con más consolidación gestionando para el ahorro, eliminando lo innecesario, gestionando mejor lo necesario, centrándose en la identificación de lo no esencial, de lo repetitivo, de lo redundante, de lo que no aporta valor en la cadena diagnóstica y terapéutica: Habrá que preocuparse de que los profesionales compaginen la ciencia médica, con la toma de decisiones en situación de incertidumbre, en la que se basa el acto médico y sanitario en general.

¿Será importante este tema?: Como también lo es reflexionar serenamente sobre algunas decisiones relacionadas con la construcción de nuevas estructuras sanitarias, que luego han de ponerse en funcionamiento. Pero, algo más, de más calado. Hasta cuándo vamos a seguir confundiendo las responsabilidades que el Estado, léase Administración, tiene. Una cosa es garantizar los derechos de los ciudadanos para que reciban unos servicios y otra bien distinta es convertirse en gestor directo de esos servicios.

Una cosa es ejercer la autoridad que garantiza el que los ciudadanos reciban asistencia sanitaria de calidad determinada, ante estados de de salud similares, con la accesibilidad adecuada y, otra cosa es convertirse en el garante de la gestión de las organizaciones sanitarias para que los ciudadanos reciban efectivamente estos servicios. Se ha confundido el ejercicio de la garantía del derecho, con la nada mantenible gestión pública de los llamados servicios esenciales, como lo son los sanitarios.

Con todo ello, no pretendemos caer en un nuevo ejercicio diagnóstico, tan solo pretendemos que todos hagamos una reflexión definitiva de la urgente necesidad de cambiar, de lo micro a lo macro, huyendo de los paños tibios y de la estrategia del avestruz, porque no caerá el maná, por mucha fe que procesemos, y pensemos más en la cirugía radical, para la que necesitamos mucho trabajo, incluido el de comunicar lo que hacemos, mucho sacrificio, mucha inspiración, mucho compromiso y mucha valentía.

En suma, mucha profesionalidad. Ahora se abre un nuevo espacio para los gestores sanitarios profesionales, para los que se han formado y saben de la dureza de la toma de decisiones, ahora es la hora de los políticos comprometidos con la garantía real de los derechos esenciales de los ciudadanos, y también es la hora de los clínicos, especialistas en la toma de decisiones en situación de incertidumbre.

Desde SEDISA, Sociedad Española de Directivos de la Salud, pensamos que la crisis es una oportunidad.

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