Editorial

Valor, esperanza y ganas. Es la hora del “adelante”.


Mariano Guerrero, Secretario de la Junta Directiva de SEDISA y Catedrático de Gestión Y Planificación Sanitaria del la Universidad Católica de Murcia. UCAM.

Ha llegado el momento de hacer, de sufrir y de demostrar que podemos. Que podemos, no sin sacrificios. Creernos que podemos. La sociedad debe de ser consciente de que la sostenibilidad del sistema sanitario es un objetivo irrenunciable y prioritario, en el que todos debemos de estar implicados.

Decíamos en anteriores editoriales de se han realizado extraordinarios diagnósticos sobre la situación del sector sanitario en España. Y también decíamos que ya era el momento de actuar, pero coordinadamente. Ya estamos viendo las consecuencias de algunas de la medidas tomadas, aunque vendrán otras de más calado, más eficaces, mas traumáticas y, posiblemente, más curativas.

Estamos instalándonos en la cultura de la austeridad y del esfuerzo colectivo, senda de la que nunca debimos salir, pero las situaciones de abundancia traen estos males, en todos los rincones del planeta. Pero la situación lo requiere, pues está en juego la viabilidad del Sistema Sanitario Español, uno de los patrimonios más importantes de nuestra sociedad, que se ha forjado por el esfuerzo continuado de tres generaciones, desde una situación de país ayudado por Europa, hasta un país en la antesala del rescate.

Es evidente que todos los países de nuestro entorno económico, político y social han sufrido grandes cambios en la estructura social como la ampliación de las clases medias, el acceso masivo de la mujer al mercado remunerado, la transformación de las relaciones jerárquicas en la familia, el envejecimiento de la población, los enfermos crónicos, entre otras, que han transformado valores considerados tradicionales. Además, en las últimas décadas ha sido evidente el aumento de las necesidades sanitarias, fruto de los avances científicos y de la mejora del nivel cultural de los ciudadanos, con nuevas expectativas y un sustancial cambio en su vivencia de la salud y de la enfermedad. Frente a ello una nueva visión sobre los servicios sanitarios, y un imparable aumento del gasto.

En el año 2000 la OMS situaba el Sistema Sanitario Español en el top mundial. Este estudio dejaba a Alemania y Estados Unidos de América en los lugares 25º y 37º puesto respectivamente, y a España en el 7º.Es evidente que el estudio obtuvo críticas y no ha sido reeditado. Aún así, debemos preguntarnos como quedaría actualmente o como quedará en los próximos años, cuando se pongan en marcha medidas restrictivas.

Algunos pensamos y lo hemos expresado en bastantes ocasiones y foros, que el sistema puede y debe seguir en buena valoración, aunque algunas prestaciones se modifiquen o tengan un sistema de financiación diferente, con más participación personal. En ese sentido, actualmente se anuncia la aparición de una Ley de Servicios Sanitarios Básicos, es decir, una ley que a toda costa mantenga el core del sistema y las prestaciones esenciales como garantía de los derechos de los ciudadanos. Hemos de observar que en el estudio de hace 11 años de la OMS, el sistema sanitario no disponía de una cartera de prestaciones tan amplia como la actual y además el gasto sanitario no era tan elevado y, sin embargo, la salud de la sanidad en España alcanzó sus cotas más altas. Es evidente que se pueden eliminar prestaciones o financiarlas de manera diferente: lo importante es conservar un sistema sanitario que garantice la prestación adecuada, ante la necesidad sanitaria.

Siempre hemos expresado que la mejor garantía del mantenimiento de la compleja estructura sanitaria actual es la opinión de los ciudadanos y la posibilidad de mantener su financiación. En este sentido, no solo debemos dirigirnos al gasto de la prestación intrínsecamente, sino también al gasto que genera la actual estructura administrativa y gestora, que ha multiplicado por 10 los antiguos costes de la administración sanitaria y ha llegado, para mayores dislates, a tener disparidad territorial en las prestaciones, actuando como ejemplo más representativo la existencia de bastantes y diferentes calendarios vacunales, dentro del Estado Español. Evidentemente, no somos capaces de mantener el nivel de gasto sanitario y la urgencia de actuar se basa en mantener y garantizar lo esencial. No se trata de solo de ser eficaces y eficientes, asumiendo las implicaciones éticas de haber trasformado enfermedades mortales en enfermos crónicos y dependientes, en un sector que toma decisiones no paramétricas ante la complejidad, la variabilidad y la incertidumbre, ante necesidades sanitarias, no siempre definidas y cambiantes. Al respecto solo mencionar algunos datos publicados, acerca de la eficiencia del sector: las estancias inapropiadas en hospitales suponen más del 25% del total y los ingresos inapropiados se elevan hasta el 27 % del total en algunas áreas de conocimiento médico. Además somos el segundo país europeo en consumo de antibióticos según el Instituto Sueco para el control de las enfermedades infecciosas. En otro orden de cosas, solo menciono la posibilidad de mejorar el sistema de compras en las organizaciones sanitarias. Parece que la práctica clínica basada en la evidencia científica y la búsqueda de la eficiencia han de considerarse necesarias, sobre todo en encrucijadas como son la interrupción o moderación del esfuerzo terapéutico, en un entorno en el que la formación sanitaria no ha preparado generalmente al profesional para afrontar este tipo de problemas.

Lamentablemente, la medicina actual que compagina las mayores cotas de eficacia de toda la historia de la humanidad, en el tratamiento de las enfermedades, vive en un mundo en el que la queja mayor es la deshumanización y el mayor reto la sostenibilidad financiera. En breve espacio de tiempo hemos pasado de la gestión sanitaria de la eficacia, a la gestión sanitaria de la eficiencia, y ahora toca la gestión sanitaria de los comportamientos y la valentía en las actuaciones. Este es un debate no ajeno a las Universidades y las autoridades sanitarias y sociales. La educación es un hecho y una función social que juega un rol decisivo en la incorporación de valores, saberes y técnicas de una determinada civilización y se identifica. Pues bien, no solo hay que centrarse en la educación ciudadana relacionada con la implantación de hábitos saludables y de promoción de la salud, también hay que educar en el uso racional, no solo de los medicamentos, sino de todo el dispositivo asistencial y para ello un elemento importante es la utilización inteligente de la participación económica personal en el gasto, más allá de las cotizaciones vía impuestos.

Pues bien, lideremos, entre todos, este cambio que implica el análisis y la modificación de las prestaciones, a través de un nuevo catálogo, con o sin Ley, descubramos valientemente bolsas de ineficiencia en la prestación de servicios sanitarios, establezcamos más coordinación entre todos los prestadores sanitarios, autonómicos, locales, públicos y privados, eliminemos estructuras que no aportan valor real, ganando en economías de escala, al gestionar conjuntamente organizaciones que son ineficientes solo por su tamaño, creemos redes de prestación sanitaria, sistemas multihospital y normalicemos nuestros sistema de adquisición de productos sanitarios y no sanitarios, como los energéticos, etc. Pero ante todo expliquemos lo que pretendemos hacer, a los profesionales y a los ciudadanos. No será suficiente, en un futuro, ser eficientes o aportar dinero al sistema sanitario, hará falta más talento social y empresarial, para afrontar con valentía los cambios. Hagamos uso de la vieja sentencia: “la fortuna ayuda a los que se atreven”. Y para ello, contar con los mejores. Habrá que buscar a los mejores Gestores para afrontar ese reto urgente. La Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA) tiene mucho que aportar y decir. Este es su compromiso. Hace falta valor, esperanza, entusiasmo, profesionalidad y ganas.

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