Entrevista

MARÍA JOSÉ SÁENZ DE BURUAGA, CONSEJERA DE SALUD Y SERVICIOS SOCIALES DE CANTABRIA

“El SNS debe mucho a la fórmula gerencial”


Por: Julio Villalobos Hidalgo e Isabel Tovar

La máxima responsable de la sanidad cántabra alaba la introducción, en el Sistema Nacional de Salud (SNS), de formas de gestionar en las que el gerente del centro adquiere más protagonismo y que se plantean en España en los años 80 aunque se desarrollan de forma creciente a partir de la década de los 90. Preguntada por fórmulas de financiación paralelas de la sanidad como el copago, se muestra decidida a considerarlo la última opción posible, ya que antepone otras medidas que logren eficiencia y resultados óptimos sin merma extra del bolsillo de los ciudadanos. Asimismo, la entrevistada resalta la unión llevada a cabo en la autonomía entre servicios sociales y sanitarios y explica por qué se ha escogido un nuevo modelo de contratación para los servicios no asistenciales del Hospital Marqués de Valdecilla de Santander.

Por: Julio Villalobos Hidalgo e Isabel Tovar

Sra. Consejera: queremos agradecerle la deferencia que ha tenido con la Sociedad Española de Directivos de la Salud, Sedisa, al concedernos esta entrevista para nuestra revista, que, como usted conoce, se dirige a la mayoría de los directivos de las organizaciones sanitarias de nuestro país.

Tenemos un excelente sistema sanitario, con una gestión transferida desde hace más de diez años a las comunidades autónoma. ¿Cuáles son los principales problemas con que se enfrenta Cantabria para dotar a sus ciudadanos de una sanidad equitativa y eficiente?

En primer lugar, permítame decirle que Cantabria dispone hoy de una sanidad no exenta de dificultades pero, afortunadamente, equitativa y eficiente, y así lo aprecian los ciudadanos. Una situación bien diferente de la que recibíamos en herencia en septiembre de 2011, lastrada por un déficit presupuestario convertido en crónico tras ocho años de infrafinanciación y nefasta gestión; la alarmante situación de endeudamiento oculta durante años (que hubimos de sacar a la luz y poner a cero); la pesada carga derivada del Plan Director de Valdecilla y la nula reinvindicación de su financiación ante el Gobierno Central … Todo ello agravado por el impacto de la situación de crisis económica que condiciona, en gran medida, la adopción de medidas que corrijan estas dificultades.

No teníamos elección. La sostenibilidad financiera del sistema sanitario público se había convertido en nuestro principal objetivo y primera obligación. Se trataba de evitar el colapso de los servicios públicos y esenciales para los ciudadanos. Se trataba, y se trata, de acometer reformas estructurales y de poner en marcha políticas de racionalización del gasto y eficiencia en la gestión para hacerlos viables y garantizar el horizonte de su consolidación. No está siendo un ejercicio fácil ni placentero, pero las medidas y reformas emprendidas se legitiman hoy por sus resultados.

Aunque otros asuntos políticos han acaparado últimamente la atención pública, el debate sobre la solvencia y sostenibilidad de nuestro sistema sanitario es el asunto que agobia a políticos, gestores y ciudadanos. ¿Cuáles son las soluciones para equilibrar el creciente e imparable coste de los servicios sanitarios y la necesidad de su financiación? ¿Son compatibles medidas como el copago con la equidad?

Hemos conseguido recuperar la solvencia de nuestros servicios públicos básicos y hemos sentado las bases para hacerlos sostenibles en un momento en el que la Administración solo puede gastar lo que puede pagar. Hemos alcanzado el saneamiento financiero y el equilibrio presupuestario del sistema y lo hemos hecho actuando en doble dirección, esto es, vía incremento financiación por un lado –puesto que hemos realizado el año pasado un esfuerzo financiero sin parangón en la sanidad española– y vía políticas de racionalización y eficiencia en la gestión, por el otro.

En Cantabria apostamos por seguir transformando lo público. Por apurar los cambios, porque queda recorrido en la gestión y porque aún no estamos al límite de la eficiencia. Para nosotros el copago sería siempre la última opción. Lo he dicho en muchas ocasiones, no creo que sea justo ni veo en él la solución a los problemas del SNS. Prefiero hablar de eficiencia en la gestión, de promover cambios en la organización o de innovación asistencial, de reorientación del sistema a la atención a la cronicidad, de integración de niveles y continuidad asistencial, de mejorar la capacidad de resolución de nuestra Atención Primaria, de prevención y autocuidado, de los beneficios de la e-salud o de mejorar nuestra capacidad de compra o almacenamiento, etc.

Hace más de seis años se aprobó la denominada Ley de Dependencia, que supone un indudable avance para la atención de las personas dependientes pero que requiere una importante financiación. ¿Cree posible la nítida separación entre Dependencia, Atención Social y Atención Sanitaria, que sin duda afectará a la financiación de cada una de ellas?

Incapacidad, dependencia, enfermedad y problemática social van íntimamente unidos en determinados momentos del proceso y sus soluciones no deben aislarse sino todo lo contrario. Precisamente, en beneficio de una perspectiva mucho más global y coordinada del espacio del bienestar, de la eficacia y eficiencia en la gestión y de la calidad en la prestación de servicios a nuestros ciudadanos, adoptamos la decisión de integrar ambas competencias –Sanidad y Servicios Sociales– en una misma Consejería.

Del mismo modo que nuestra estrategia de atención a la cronicidad se asienta sobre la necesidad de procurar un abordaje sociosanitario eficaz que garantice una atención integral, resulta necesaria una correcta estratificación de la población que nos permita saber cuándo la solución es sanitaria, cuándo social o cuándo conjunta, con el fin de poder diseñar intervenciones coste-efectivas específicas para los distintos grupos de pacientes adecuadas a cada necesidad. Es verdad que, en ocasiones, pueden generarse puntos donde es necesario protocolizar muy bien cómo ha de intervenir cada sistema asistencial y qué debemos regular de las bases del espacio sociosanitario pero, insisto, no debe verse como un problema sino como una oportunidad de mejora.

Hay muchas personas y organizaciones que se cuestionan la necesidad de una organización gerencial en nuestras organizaciones sanitarias. ¿Cree usted que somos necesarios? ¿Cuál es su opinión sobre la aportación de los equipos directivos a la mejora de la eficiencia de nuestro Sistema Sanitario? ¿Cómo encajaría la gestión ó el gobierno clínico en este tipo de organización?

El gerencialismo es una fórmula de gestión a la que el SNS debe mucho. Es posible que no sea la fórmula perfecta en estos momentos y que debamos hacer un replanteamiento de su figura, pero lo que sí puedo asegurarle es que, ahora más que nunca, la figura del directivo sanitario es fundamental.

Precisamente ahora (y ahora, insisto, más que nunca) la gestión de la sanidad precisa de más y mejor visión estratégica. Políticos para liderar con empuje las prioridades ciudadanas –y la sanidad lo es tanto como la que más– y gestores cada día más profesionalizados para dirigir el sistema. Yo, al menos, así lo veo.

Y es que, sin directivos competentes, comprometidos y líderes resulta imposible acometer la necesaria transformación que nuestro sistema sanitario está obligado a llevar a cabo. Son además esos buenos directivos los únicos capaces de implantar de forma realista la gestión clínica que, en definitiva, es la más potente herramienta de gestión de que disponemos. Una herramienta capaz de implicar y comprometer al clínico, cuyas decisiones son clave en la eficiencia y en la gestión de la organización.

Nos gustaría conocer su opinión sobre la posición y función de lo directivos de la Sanidad Española, profesionales a los que agrupa nuestra Sociedad. Con frecuencia, tras un cambio político, asistimos a cambios generalizados en los puestos directivos de las organizaciones sanitarias. ¿Cómo debe combinarse la fidelidad política y la destreza profesionales en gestión para mantener estable estos puestos cuya continuidad creemos es crucial para el progreso de la organización que dirigen?

A mi modo de ver es legítimo que exista un cierto grado de discrecionalidad en la selección y elección de directivos. Estamos hablando de puestos de enorme trascendencia y nivel de compromiso también.

Ahora bien, esto no tiene nada que ver con fidelización política. Y creo que los últimos cambios tras las elecciones autonómicas así lo demuestran mayoritariamente, de modo que es normal y natural ver cómo directivos competentes de excelente trayectoria que prestaban sus servicios en comunidades autónomas gobernadas por el PSOE ahora lo hacen en comunidades autónomas gobernadas por el PP, salvo excepciones como la Comunidad de Andalucía.

Yo, particularmente, considero que la competencia y las habilidades, junto con la experiencia y el expertise constituyen los elementos cruciales a la hora de procurar una selección de directivos en el marco de confianza y comunidad de proyecto que al principio señalaba. Y así lo he llevado a la práctica.

Usted asume las competencias en Sanidad y Servicios Sociales, materias diferenciadas en otras comunidades autónomas. ¿Cree que está integración es adecuada? ¿Cuáles son sus ventajas? ¿Cree que sería posible en autonomías de mayor tamaño?

Tal y como la acabo de exponer, si en un primer momento adoptábamos esa decisión convencidos de que era un avance demandado y necesario, hoy podemos constatar las indudable ventajas que ofrece fruto del desarrollo de las sinergias que genera y que son imprescindibles hoy en día.

La coordinación sociosanitaria, hasta ese momento inexistente en nuestra comunidad autónoma, ha contribuido a ordenar, compartir y evaluar información de gran utilidad en la toma de decisiones relevantes; ha generado una significativa racionalización del gasto; ha contribuido a una gestión más eficiente de nuestros recursos, al tiempo que nos permite avanzar en la continuidad asistencial y de cuidados, muy particularmente, en el ámbito de atención a la cronicidad. Por supuesto, en Cantabria resulta mucho más fácil pilotar y evaluar cualquier experiencia, pero a mi modo de ver, la integración siempre es positiva y el tamaño o dimensión de la comunidad autónoma no es un hecho relevante.

Su Consejería ha optado por la gestión externalizada de los servicios no clínicos del mayor hospital de su comunidad autónoma. ¿Cuáles son las ventajas y los problemas que puede representar esta decisión?

Permítame cariñosamente corregirle. No hemos optado por la externalización de los servicios no clínicos puesto que la gestión de los mismos ya lo estaba y no precisamente por decisión del actual Gobierno de Cantabria. Nosotros hemos optado por un cambio en el modelo de externalización, apostando por una fórmula de colaboración entre el sector público y el sector privado en lugar de la contratación de servicios tradicional.

Ello nos supone, además de una estabilidad en el proveedor, concentrar en un único prestatario todos los servicios y, en consecuencia, un margen de mejora en la prestación de los mismos derivado de una gestión integrada y global, de la generación de sinergias y una mayor eficiencia organizativa en los servicios prestados.

El único problema radica en la ideologización o, mejor dicho, la manipulación partidista de una decisión que es eminentemente política y gestora y que responde a la imperiosa necesidad de dar una solución, ágil, definitiva y con cordura a un problema que llevaba el camino de costar la ruina a nuestra Comunidad: la conclusión de las obras del Hospital de Valdecilla que, durante dos legislaturas, los gobiernos anteriores fueron incapaces de concluir y financiar.

El modelo sanitario de Cantabria casi no contempla la utilización de los recursos privados para la provisión de servicios sanitarios con financiación pública. ¿Es éste un objetivo político; se debe al tamaño de esta comunidad autónoma o se debe, por el contrario, a otras razones?

Aunque no siempre fue así desde el punto de vista histórico, a lo largo de los últimos 25 años la presencia de la sanidad privada en Cantabria es relativamente pequeña y siempre ha tenido un nicho de mercado muy definido. Dicho lo anterior, nuestro sistema está habituado a esa colaboración necesaria vía conciertos o, como decía hace unos instantes, externalización de servicios no sanitarios.

Yo apelo con frecuencia al concepto de sistema autonómico de salud en el que creo, un concepto que confiere a la red de titularidad privada un papel complementario de la pública y de la que ésta última tiene cosas que aprender en eficiencia, flexibilidad o capacidad de innovación. De hecho, utilizamos recursos privados con financiación pública para determinados procesos, especialmente los relacionados con la cronicidad y algunos procedimientos quirúrgicos. Lo que, en esta materia, sí ha hecho este Gobierno es evitar las derivaciones forzosas de pacientes y el desplazamiento de recursos públicos a otros sistemas de salud, utilizando los recursos privados de nuestra propia comunidad.

Un posicionamiento absolutamente compatible con la preferencia inequívoca que hemos mostrado por nuestro modelo de gestión pública. Como decía hace unos instantes no conozco mayor defensa de la sanidad pública que la gestión eficiente de la misma. Para eso trabajamos cada día.

La tecnología representa sin duda una de las herramientas para innovar y hacer más eficiente, la atención a la salud. ¿Cuál es su grado de desarrollo en la implantación e integración de la historia clínica o la receta electrónica?

La receta electrónica está ya completamente implantada en Atención Primaria y será extendida a Atención Especializada a lo largo de este año. Ya estamos en la fase final, con lo que completaremos el cien por cien de los recursos asistenciales. En relación a la Historia Clínica, hemos logrado grandes avances en esta legislatura. Asumimos el reto de un retraso en desarrollo e implantación que ha supuesto un gran sacrificio. Hemos desarrollado un visor corporativo de altas prestaciones que permite que tanto especializada como primaria puedan acceder a toda la información clínica y pruebas, lo que ha facilitado y está facilitando la continuidad asistencial y la efectividad en los procesos asistenciales. También hemos incorporado una estación clínica de enfermería que integre toda la información asistencial. Pero quizá nuestro producto más relevante sea la prescripción electrónica asistida, una herramienta que ha demostrado que aporta un enorme valor clínico.

Para concluir y en el horizonte de esta legislatura, ¿cuáles son los mayores logros que ha alcanzado? ¿Qué objetivos tienen hasta el final de esta legislatura?

Creo sinceramente que de los logros podremos hablar al final de la legislatura, pero en el tiempo que llevamos existen datos objetivos acerca de resultados que vamos logrando, como son el saneamiento económico y financiero, que nos sitúa en una posición privilegiada a la hora de afrontar las dificultades.

Hemos conseguido preservar nuestro modelo, público, universal, gratuito y de calidad y ahora también eficiente y sostenible y lo hemos hecho preservando el empleo y haciendo equipo con los profesionales, porque ellos son la premisa, la mejor garantía de satisfacción de los pacientes, que son el eje de nuestra acción política. Hemos dedicado grandes esfuerzos a mantener un clima laboral exento de conflictividad, buscando y logrando acuerdos, lo que nos facilita el trabajo y el desarrollo de un proyecto de legislatura ambicioso, pero realista.

No admito fácilmente renuncias anticipadas y soy inasequible al desaliento, Habrá proyectos fallidos, pero nunca por no haber creído en ellos, por no haberlos intentado o por falta de dedicación y trabajo. Lo más importante es la satisfacción del deber cumplido, forjar día a día un proyecto colectivo a base de trabajo, sensatez, honestidad y cercanía a las personas. Eso me exijo. No soy una consejera que haya venido a ser, estar o permanecer, sino a trabajar humildemente por cambiar aquello que no funciona con la ayuda de mucha gente para que funcione un poco mejor.

Le agradecemos el tiempo que nos ha dedicado y sus opiniones, que sin duda clarificarán a nuestros socios la postura de la Consejería de Sanidad y Servicios Sociales de Cantabria sobre los asuntos transcendentales que hemos comentado.

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