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El hospital del futuro y el perfil de sus gestores


Pacheco Guevara, Rafael; García Quiñones, Elena; Sánchez Álvarez-Castellanos, Mª Mar: “El hospital del futuro y el perfil de sus gestores”, Sedisa s.XXI, 2010, Nº 17.

Autores: Pacheco Guevara, Rafael; García Quiñones, Elena; Sánchez Álvarez-Castellanos, Mª Mar: Hospital General Universitario Reina Sofía. Murcia

Síntesis:

- Críticas: Hospital-centrismo. Infrautilización de la Medicina Primaria. Excesiva politización. Demasiado entreguismo. Incertidumbre constante respecto a la permanencia y miedo al cese inesperado. Conceptualización del encargo directivo como un regalo y no como un logro profesional, alcanzado por mérito y valía personal.

- Capacidades: Formación. Profesionalidad. Responsabilidad. Honestidad. Seriedad. Autonomía. Coherencia. Diligencia. Objetividad. Inteligencia. Sistemática. Cultura. Bagaje. Rigor. Imaginación y Liderazgo.

- Habilidades: Paciencia. Tolerancia. Empatía. Asertividad. Sentido común. Ausencia de miedo escénico. Cercanía y sencillez. Congruencia. Destreza para comunicar. Criterio para decidir (y para rectificar). Iniciativa. Compromiso. Coherencia. Autenticidad y Valentía.

El hospital del futuro, centro médico-tecnológico de alta capacidad diagnóstica y terapéutica, al que sólo se deberá acudir ante problemas severos y puntuales, dista mucho del actual, convertido en foco irresistible de atracción para la rápida actuación frente a patología que nunca le debió llegar, por su escasa envergadura y porque ha podido ser solucionada en el ámbito de la Medicina Primaria.

Ésa, la Atención Primaria, está llamada a ser el referente sanitario fundamental para la población y no el hospital. Lo anterior, claro está, si además se cuanta con una eficaz medicina domiciliaria, una red de instituciones geriátrico-médicas para procesos crónicos y una Medicina Paliativa de calidad, además de con un importante acervo cultural para la promoción de hábitos de vida saludables.

Asistimos a una dinámica que parece jugar a la contra: se crean grandes áreas de salud, fijando al hospital como su centro, como su más emblemática referencia. Allí se trasladan los órganos gestores y administrativos, y allí se instalan todas las direcciones; más despachos, más jerarquía, más nomenclatura: ¡craso error! que contribuye a favorecer la imagen de la institución hospitalaria como la mayor y mejor referencia del área, allá donde habrá que acudir siempre que surja algún problema. El lugar donde están los buenos médicos y la última tecnología.

Si ya la atención sanitaria hospitalaria viene siendo víctima de su propio éxito, todo lo que venga a reforzar ese espejismo, contribuirá a su saturación y a su ineficiencia.

Se precisan buenos hospitales, si es posible, excelentes, pero para ello, es imprescindible una nueva definición de sus objetivos y de los criterios clínicos de ingreso. No todo puede llegar al centro hospitalario, porque esa institución asistencial debe ser estación término, no apeadero fácilmente accesible según comodidad del viajero, versus usuario del sistema público de salud. No podemos continuar así; no es lógico ni práctico y, además, no es viable.

Mayor optimización de la medicina primaria, más enfermería junto al médico y en el domicilio del enfermo, mejor acceso a las pruebas diagnósticas por parte de los médicos de familia y más implicación, a ese nivel sanitario, en el seguimiento y resolución final de los procesos; para ello contamos con médicos de familia y enfermeras, incuestionablemente bien formados. Habrá que intentar solucionar la paradoja consistente en haberlos formado en calidad y luego exigirles, antes que nada, cantidad.

Tal vez se necesiten entidades casi exclusivamente diagnósticas o mixtas. Evidentemente, no estamos recomendando instalar quirófanos en el área de diagnóstico por imagen, en el laboratorio de bioquímica o en anatomía patológica, pero ahí están la radiología intervencionista, la quimioterapia onco-hematológica ó la punción-aspiración-biopsia (PAB) que, siendo esenciales, no son exclusivas del medio hospitalario.

En definitiva, el hospital es el lugar al que “no hay que llegar”… es decir, al que deberíamos evitar que tuvieran que acceder la mayoría de los pacientes. Sólo aquellos cuyos procesos lo exijan indubitadamente y, desde luego, en ese caso, para recibir el mejor y el más sofisticado tratamiento, el que esté avalado por la evidencia científica.

¿Quiénes deberán dirigir esos centros sanitarios, yacimientos de conocimiento para la asistencia, la docencia y la investigación? Los mejor capacitados para ello, que no siempre tendrán que coincidir con los amigos del partido en el poder (tampoco, evidentemente, serán idóneos los enemigos políticos declarados); han de ser los verdaderos líderes.

La legitimidad la ostenta la autoridad emanada de las urnas, al respecto nada que objetar (todo lo contrario), pero el “encargo” de los ciudadanos a los gobernantes, es para cuatro años, y después, puede o no ser revalidado. Los hospitales necesitan más sosiego, su programación no puede estar estrictamente sometida a esa rígida temporalidad. La misión del hospital es tarea de fondo, de largo recorrido y amplio margen: Administrar la mejor asistencia sanitaria y respetar los derechos de los usuarios, transmitiendo seguridad y confianza.

No hay más remedio que buscar a los más preparados, con formación y trayectorias acreditadas, capaces de abstraerse, por la vía de la profesionalidad, a los avatares y cambios políticos y de estar, ante todo y sobre todo, a su cometido, que no es otro que garantizar un servicio sanitario altamente cualificado.

¿No constituye un contrasentido que se recicle al gerente cuando, tras su cese pasa de nuevo a la clínica, y que no se le prepare sistemáticamente, cuando desde ésta pasa a la gestión?

Es perfectamente entendible, dado que la Medicina es una ciencia social de gran repercusión mediática, que quien tiene la responsabilidad de la macro-gestión sanitaria prefiera contar con personas fieles y leales, para llevar a cabo el día a día de la meso-gestión en los centros asistenciales. Por lo tanto, no es absolutamente rechazable que un consejero autonómico nombre directores de “sus hospitales” a personas de “su confianza”, pero, a ser posible, que además sean seleccionados desde una perspectiva técnica.

Designar a estos profesionales, debería ser una de sus mayores y más meditadas decisiones, y una vez tomada, otórgueseles autonomía para rodearse de un buen equipo, para ejercer la autoridad en el centro, para decidir cada día, para identificarse con el servicio público encomendado, con sus valores, sus objetivos y sus fines... y para responsabilizarse de sus aciertos y de sus errores.

De lo contrario, nos moveremos, como sucede con frecuencia, en un mundo virtual, en el que, quien ostenta la dirección hospitalaria es, ante todo, correa de transmisión de aquel que lo nombró, gastando mucha de su energía en mostrarse políticamente correcto y mantener constantemente su aprecio.

Esto es algo sutil, y como tal debe entenderse; no se puede generalizar, ni tampoco aportar protocolos o guías para el mejor método de elección de gestores, pero el mensaje que pretendemos trasmitir, sí es claro: los mejores, los más inteligentes, lo más honestos, los más identificados con el sistema público de salud y los más responsables, porque el trabajo que se les encomienda es difícil y arriesgado; nada menos que garantizar la mejor atención sanitaria, en el último eslabón de la cadena asistencial, y en un entorno de universalidad, gratuidad y equidad, para una población altamente exigente, cuya expectativa es casi ilimitada, y que considera al deterioro, a la enfermedad y a la muerte, como fracasos de la Ciencia Médica y del Sistema Sanitario.

Los directores tendrán que experimentar apoyo y reconocimiento, institucional y social, también por la vía salarial. No es lógico que el mayor responsable de la organización, cuya dedicación debe ser total, exclusiva y sin horario, tenga menos sueldo que cualquier otro facultativo de su hospital.

Frente a la “gestión virtual”, gestión real y más autónoma de los hospitales del futuro. Frente a la politización como sesgo fundamental, liderazgo profesional como referente esencial. Frente al constante temor al cese, seguridad por la vía de la formación y el compromiso responsable.

Todo lo anterior, sin olvidar algo esencial: Un nombramiento de libre designación, siempre es también de libre cese; lo primero se puede aceptar con entusiasmo y ganas de acierto, pero eso no implica que lo segundo deba generar sensación de fracaso, resentimiento o frustración. Imprescindible la confianza en uno mismo; más autoestima con la justa vanidad y mayor cultivo de la marca personal. La primera obligación ética es la crítica y, por supuesto, la autocrítica.

En la historia de las autonomías, hemos asistido a cambios políticos que produjeron relevos, casi inmediatos, de la práctica totalidad de los gestores sanitarios, y muchos de ellos manifestaron su sorpresa y perplejidad, ya que se consideraban, ante todo “técnicos”, cuando en realidad, ciertamente después de varios años, la mayoría lo eran... pero olvidaban ser “poli-técnicos”, dado el origen de sus nombramientos.

Conclusiones:

1-La vida es un proceso biológico irreversible, frágil y vulnerable. La salud es más una sensación que una realidad. La enfermedad es parte del devenir biológico y natural. Por ello, el ciudadano debe auto-cuidarse y corresponsabilizarse, siendo orientado y ayudado cotidianamente por sus médicos y sus enfermeras de Atención Primaria, además de por la Medicina Preventiva y la Medicina Rehabilitadora.

2) La salud sigue siendo lo más valorado por las personas. El Sistema Nacional de Salud debe garantizar a todos una asistencia de calidad, para ello ha de estar gestionado por profesionales altamente capacitados, motivados e identificados con los valores propios de la Medicina Pública. El Hospital es la última y la más sofisticada de las herramientas resolutivas con las que contamos y debe estar dirigido por los mejores. Por eso y para eso, han de contar con una amplia delegación de confianza, autonomía y autoridad, sólo contrarrestada por la gran responsabilidad que asumen, en el ejercicio de sus funciones y en el manejo de los recursos de los que disponen.

3- Cuando la capacidad curativa en el centro de salud y en el domicilio, no sea suficiente, sólo entonces estará justificado el ingreso en un hospital, que si está bien dotado de personal y medios, así como racionalmente dirigido, dispondrá de amplias posibilidades para resolver con eficacia el compromiso patológico, siempre que, aún siendo de extrema gravedad su enfermedad, exista fundamento clínico para luchar por la mejoría o la curación.

4-La Medicina Paliativa es parte imprescindible de la medicina del futuro, dada la longevidad de la población y las posibilidades terapéuticas de la Ciencia médica.

5-Seria un drama social no contar con los más capacitados, para responsabilizarse de nuestros imprescindibles, sofisticados y costosos hospitales.

Bibliografía propia reciente:

1-Gestión virtual en los hospitales públicos. Revista: “Medical Economics” (2007).

2-Equidad y sostenimiento del Servicio Nacional de Salud. Revista: “Sedisa, siglo XXI” (2008).

3- La medicina basada en la evidencia y también en la conciencia: trato y tratamiento Revista: “Gestión y evaluación de costes sanitarios” (2008)

4-La Medicina del mando a distancia. Revista; “Sedisa, siglo XXI” (2009)

5-Análisis socio-sanitario del riesgo profesional frente al paciente difícil. Revista: “Sedisa, siglo XXI” (2010)

Rafael Pacheco Guevara: Médico/ Especialista en Medicina Legal. Unidad de Medicina Judicial y Ética Médica. Elena García Quiñones: Abogada/ Master en Derecho sanitario y Bioética. Unidad de Medicina Judicial y Ética Médica. Mª del Mar Sánchez Álvarez-Castellanos: Filóloga. Unidad de Comunicación.

Correspondencia:

Rafael Pacheco Guevara E-mail: rafael.pacheco@carm.es

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