Editorial

Por César Pascual Fernández

¿A que esperamos los profesionales sanitarios
para ayudarnos y salir adelante juntos?



Llevamos ya un tiempo en que en todos los foros, a todos los sitios donde uno va, el tema dominante es prácticamente único: la crisis y el negro futuro que se nos augura unido a la descalificación de la clase política y las pocas esperanzas en que esto pueda arreglarse. Todo ello en un clima de agresividad y descalificación permanente de todo y hacia todos. Paradojicamente existe una especie de delegación en terceros para que arreglen el problema: Alemania, Europa, el gobierno, los políticos,… sin un atisbo de autocrítica y por supuesto sin que dé la impresión de que todos y cada uno de nosotros somos capaces y responsables de hacer algo.

Resulta cansino ya y en ese sentido me niego a aceptar esta especie de desaliento enfermizo que parece haberse apoderado de los profesionales sanitarios que, además, nos lleva a inútiles confrontaciones que no hacen otra cosa que potenciar el conflicto interno. En efecto nos encontramos ante demasiado conflicto interno que nos impide afrontar con seriedad lo que está pasando sin que nos demos cuenta que en realidad lo que nos jugamos va más allá de una mirada ‘cortoplacista’ de la situación y que estamos comprometiendo el futuro de nuestro Sistema de Salud para las generaciones venideras.

Tenemos que tener presente que esta crisis tambien pasará, como todas las crisis, con mayores o menores daños colaterales, pero pasará. Aunque parezca un recurso fácil al tópico, lo cierto es que las crisis suponen algo más que una oportunidad, suponen una necesidad de poner a prueba nuestras herramientas personales, una obligación de exigirnos y demostrar todo aquello que somos capaces de hacer. Porque realmente cuando las situaciones se ponen difíciles es el momento en que aparecen soluciones, mejores o peores, pero soluciones y alternativas al fin y al cabo. Ahora bien, tengamos presente que no lo hacen de forma milagrosa, sino que en realidad son el resultado del buen uso que somos capaces de hacer de nuestros recursos profesionales y personales y, por supuesto, de nuestra experiencia.

Es verdad que las crisis generan ansiedad e inseguridad, en ocasiones paralizante, pero al tiempo son una manera (más o menos obligada) de exigirnos y de avanzar. Porque, afortunadamente, en realidad todos somos capaces de dar más que lo que damos, más allá del límite que creemos tener. El ser humano necesita siempre un reto y, aunque resulte paradójico, cuanto mayor es ese reto, más aumenta su esfuerzo, más potencia su aprendizaje y, por lo tanto, más resultados logra. Es de sobra conocido que en medio del caos siempre se generan grandes ideas y se alcanzan grandes resultados, y ello no obedece a la casualidad sino a que somos capaces de tener un mayor control de las variables a las que probablemente antes no prestábamos tanta atención y, por supuesto, a pensamientos acertados y oportunos ante las diferentes situaciones que se nos presentan. Hay quien lo llama aprovechar la oportunidad que toda crisis conlleva pero yo prefiero llamarlo explotar el talento de quienes tienen la formación y la experiencia y, sobre todo, la voluntad de salir adelante.

Porque es evidente que lo primero y más importante que tenemos que hacer es unir fuerzas en la misma dirección y aceptar que necesitaremos años para lograr la recuperación, pero que lo importante es avanzar. Lejos ya nos queda la cultura del logro sin esfuerzo a la que quizás fácilmente nos habíamos acostumbrado. Hace unos meses el profesor Fuster explicaba en Valdecilla como ante el comienzo de la crisis hace años en EEUU todos inmediatamente se pusieron a “trabajar más” (sábados y domingos decía el profesor) sin que nadie se lo pidiera explicitamente. Aceptemos de una vez que en esta situación también nosotros hemos de trabajar más, rebajar (como hemos rebajado) uno o dos escalones nuestro nivel de vida, ser capaces de cambiar hábitos y arreglarnos con menos.

Somos herederos de generaciones que superaron con esfuerzo y penurias situaciones que ni siquiera somos capaces de imaginarnos (post-guerra civil, guerra europea, hambre, emigración,...). Ellos no desfallecieron, se sacrificaron y, sobre todo, no se estuvieron quietos, arrimaron el hombro en lo que podían para sacar adelante a sus familias, a su país en definitiva. Y nosotros ahora, que estamos infinitamente mejor, nos quedamos paralizados viendo simplemente como evoluciona una tal “prima de riesgo”.

No nos engañemos, en una situación tan complicada como la que estamos nadie puede hacer más por la sanidad española que los propios profesionales: clínicos, gestores, técnicos... Llegados a este punto la colaboración leal y comprometida es imprescindible para solucionar los problemas e impulsar las soluciones para salir del punto muerto en que nos encontramos. Pero conviene no olvidar que no será fácil y tenemos que asumir que si, a pesar de todo, las cosas vuelven a salir mal vamos a vernos obligados a pensar nuevamente en como afrontar el futuro juntos y volver a ponernos manos a la obra.

Basta ya, por tanto, de reproches y confrontaciones inútiles que nos impiden avanzar, salir de la situación en que nos encontramos y pongámonos todos a trabajar juntos porque el futuro se presenta difícil, es cierto, pero sin embargo podremos afrontarlo y hacerlo bien, como otras veces lo hemos hecho. No es la primera vez que el país y el propio SNS se encuentran en una situación delicada. Porque somos un gran colectivo y así lo hemos demostrado y lo demostramos en el día a día, tenemos el conocimiento y tenemos la mejor gente preparada para salvar la situación: nosotros mismos.

Crear pdfVer en pdf | Versión para imprimir de este documento Versión imprimir | Enviar la referencia de este documento por email enviar por email