Editorial

Por Miguel Ángel Asenjo

Gestión lógica, sencilla y científica de la complejidad sanitaria.
Usar datos



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Miguel Á. Asenjo.

Gestionar es, en síntesis, conseguir que los demás hagan lo que tú quieres porque ellos quieren. La lógica exige: 1º) información, consistente en conocer las cosas (cosa es, según la RAE, todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, real o abstracta); 2º) conocimiento, que es relacionar las cosas y 3º) sabiduría, que es aplicar el conocimiento adecuadamente.

La información ha de ser veraz, basada en datos y hechos, ya que las personas deciden impulsadas por las emociones y, ante un mismo hecho, pueden reaccionar de distinta manera. El siguiente ejemplo ilustra el comentario. Supongamos que el termómetro del local en el que nos encontramos marca 23º C. Entre los presentes es posible que algunos digan: ¡qué calor!, y otros: ¡qué frío!. Son opiniones basadas en sensaciones, e incluso puede que los primeros se desabrochen y los otros se suban el cuello del jersey; otros se sentirán a gusto y algunos no manifestarán su emoción, ni su sensación de calor o de frío, e incluso es posible que alguno suba o baje el termostato que regula la temperatura. Un mismo hecho, un mismo dato, 23º C, suscita, en todos, una emoción cuya aparición no pueden evitar, pero sí actuar sobre sus consecuencias, que puede ser la de manifestarla de inmediato, manifestarla en el momento adecuado, e incluso actuar, oportuna o inoportunamente. Si, por ejemplo, el termómetro marcase 40º C y alguien se abrigase aún más, se le consideraría, como poco, raro, y probablemente enfermo, y quien haga lo contrario con 6º C recibe la misma consideración que el anterior.

Es más, gracias a que existe termómetro, y se utiliza, sería posible acordar la temperatura exacta que la mayoría considerase confortable. Gracias a él sabemos cuándo un individuo tiene fiebre y el síntoma –subjetivo- se transforma en signo, 38ºC, –objetivo-. Del mismo modo desde que se dispone de radares que miden la velocidad de los vehículos, y se utilizan, se puede sancionar por exceso de velocidad y con ello disminuir a la mitad el número de muertos en carretera, como ha ocurrido en España. La sanción por exceso de velocidad no sería aceptada si en el epígrafe correspondiente de la multa se leyera: el motivo es que al agente de tráfico le pareció que iba muy deprisa –subjetivo-. Gracias a la fotografía que recoge la matrícula del vehículo y la velocidad exacta a la que se circulaba, que son datos –objetivo- la sanción es creíble. El sentimiento cede a la razón.

Los gestores sanitarios al referirse a la salud, deben: 1º) proporcionar información objetiva con datos; 2º) relacionar los datos con conocimiento; y 3º), actuar con sabiduría al aplicar los datos al asunto adecuado y en el momento oportuno. Así los ciudadanos, que son contribuyentes, votantes y potenciales enfermos, los profesionales de la salud, los propios gestores y los políticos, que son los dueños temporales de las instituciones, y, en su caso, accionistas si se trata de servicios privados, podrán dominar los sentimientos con la razón, aplacar las emociones, participar en las decisiones y consensuar los acuerdos. Los gestores sanitarios como profesionales excepcionales que son, con especial conocimiento y total dedicación que son (las dos características que definen al profesional), conseguirán que su tarea sea lógica, sencilla y científica al aplicar las siguientes cuatro reglas: a) Definir exactamente el asunto; b) Disponer de un sistema de medida universal; c) Tener una unidad de medida, y d) Marcar un estándar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como el completo bienestar físico, psíquico y social y no la mera ausencia de enfermedad. Significa que la salud, como la belleza, no tiene límite, y conlleva en sí misma la imposibilidad de su financiación pública total porque los recursos sí son limitados y, además, no es lo mismo público que gratuito. El sistema de medida de la salud, más comúnmente utilizado, es la esperanza de vida. La unidad de medida de la esperanza de vida se expresa en años y finalmente sobre el estándar se considera que cuanto más mejor.

El dirigente sanitario debe acostumbrarse a trabajar con dificultades legales, económicas, financieras y de otros muchos tipos, eliminando de su pensamiento y vocabulario echar la culpa de los posibles fracasos a esas circunstancias. Es un gran error no hacerlo así. La frase famosa de Kennedy apelando a que cada ciudadano norteamericano se preguntase qué puede hacer por su país y no qué puede hacer el país por él produce grandes y favorables resultados, incluso psicológicos. Debe recordar constantemente que la responsabilidad le exige asumir las consecuencias de sus decisiones, que la legitimidad la adquiere por sus resultados, que la credibilidad consiste en que sus palabras y sus hechos coincidan y que la palabra convence pero el ejemplo arrastra. Conviene que trabaje por capricho y no como consecuencia de: a) una orden porque alguien le obliga, ya sea él mismo, que sería una orden interna o el jefe en cuyo caso sigue siendo una orden, si bien externa pero es una orden, más orden si cabe; b) por costumbre, simplemente se ha acostumbrado a trabajar; y c) por capricho porque le agrada hacerlo y se encuentras bien haciéndolo, como a un niño le agrada dar patadas a un bote usado de Coca-cola. Jugar al futbol exige esfuerzo, incluso sudor, cansancio y riesgos de recibir patadas y caídas pero, para quien lo practica por diversión, le resulta placentero. Los momentos buenos de la vida son para disfrutarlos y los malos para aprender de ellos. Aprender a no dejar de aprender es un buen lema y le mantendrá despierto y joven. Además, y en general, le contratan por sus conocimientos y le cesan por su carácter porque el sistema sanitario es el de mayor interacción social de todos y su valor máximo es la persona.

En efecto, el resultado del sistema sanitario es el producto de multiplicar la capacidad de sus personas por la motivación de ellas; y si uno de esos dos factores –capacidad o motivación- es cero, el resultado también es cero, por ser un producto y no una suma. Las personas necesitan, fundamentalmente, dos cosas: a) sentirse útiles, y b) que se les reconozca. En el hospital de nuestro entorno, el 70 por ciento del gasto, el 90 por ciento de los problemas y el cien por cien de las soluciones se derivan del personal y es sabido que mejora lo que se mide, evalúa y reconoce. Las personas actúan de acuerdo a como son evaluadas.

Por último, el directivo sanitario tendrá dotes de intelectual, artes de gestor y carácter de propietario. Con datos, evaluación, buen carácter, aprender a trabajar bajo presión, respeto total al opinante pero no a la opinión no razonada y sabiendo diferir el premio, se ganará el respeto de los demás y, por persuasión, conseguirá que hagan lo que él quiere porque ellos quieren: esencia de la gestión.

Por: Miguel Ángel Asenjo. Socio de honor de Sedisa. Profesor emérito de la Universidad de Barcelona. Exdirector del Hospital Clínic de Barcelona. Miembro numerario de la Real Academia de Medicina de Cataluña Correo electrónico: MASENJO@clinic.ub.es

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