Editorial

Por Pere Vallribera Rodríguez

La autonomía de gestión y la profesionalización de la gestión



Sin duda, la crisis ha acentuado la necesidad de los tan nombrados pero poco acometidos cambios estructurales del sistema sanitario español. La disminución del gasto público se ha afrontado, mayoritariamente, mediante recortes salariales y amortización de puestos de trabajo, disminución (¿racionalización?) del gasto farmacéutico y un freno prácticamente total de las inversiones y reposición de estructuras y equipos.

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Pere Vallribera.

Algunas de las medidas que podrían ser parte de estos cambios estructurales sí han tomado impulso, aunque en menor grado: prácticamente todas la comunidades han iniciado planes orientados a una atención más efectiva y racional de la patología crónica; también parece que ha calado definitivamente la necesidad de la gestión clínica aunque, lamentablemente, con más discurso que realidad; y también han surgido iniciativas de priorización y racionalización de las distintas prestaciones del sistema en función de su conveniencia y efectividad clínicas.

Pero la verdadera reforma del sistema, imprescindible para su propia subsistencia, pasa por la revisión, evaluación y priorización de la cartera de servicios, el impulso y priorización de la prevención y la promoción de la salud y la introducción de nuevos mecanismos de financiación de las prestaciones, entre otras. Sin duda, son cambios de calado pero que, en mi opinión, no están teniendo el consenso e impulso suficientes.

Pero una de las reformas más importantes, por la repercusión que debería tener sobre el conjunto, como demuestra que todos los países desarrollados la están afrontando, es la potenciación de la autonomía de gestión de los centros sanitarios y la separación de funciones dentro del sistema. Sin ella, difícilmente se podrán acometer los cambios imprescindibles para su supervivencia. El sistema sanitario no se puede permitir la extraordinaria rigidez de la mayoría de sus centros, que genera la imposibilidad de hacer frente a los cambios necesarios o, en el mejor de los casos, niveles insuficientes de eficiencia en el uso de sus recursos. Así, en el marco normativo actual es difícil, si no imposible, entre muchas otras medidas, la estructuración de los centros por verdaderas unidades de gestión clínica con suficiente autonomía. Porque, ¿cómo pueden tener autonomía de gestión los profesionales de centros sanitarios que no la tienen? Tampoco parecen factibles las imprescindibles alianzas que concentren y mejoren la eficiencia de centros o servicios de dimensión insuficiente y otras muchas y conocidas medidas de organización y gestión de los centros o la reorganización de servicios que vayan más allá de las fronteras del hospital.

Mientras la Administración siga compaginando su papel de planificador y regulador con el de gestor y propietario de los centros, difícilmente podrá acometer los cambios de forma adecuada y afrontar su papel fundamental en la accesibilidad y universalidad del sistema, la definición de la cartera de servicios, la planificación global del sistema, la potenciación de las políticas de promoción y prevención y la financiación adecuada y racional de los servicios, entre otras.

Paralelamente, los centros sanitarios precisan de una verdadera autonomía de gestión, un buen gobierno y sistema de rendición de cuentas y una real profesionalización de la gestión, todos ellos requisitos imprescindibles para un sistema de salud eficiente y efectivo: orientación a resultados, rendición de cuentas y transparencia, equilibrio económico, agilidad y flexibilidad, despolitización, desburocratización, introducción de modelos descentralizados de gestión clínica… son elementos fundamentales que deben estar presenten en la red de servicios sanitarios de utilización pública, independientemente de su titularidad y modelo de gestión.

Estas premisas deberían conducir al necesario, pero lamentablemente improbable, pacto entre los diferentes actores para un sistema de salud universal, equitativo, efectivo y eficiente… Veremos si el futuro nos acerca a él.

Pere Vallribera Rodríguez es vocal de la Junta Directiva de Sedisa; presidente de la Sociedad Catalana de Gestión Sanitaria; y gerente de la Clínica Rotger de Palma de Mallorca.

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