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Las revistas profesionales: plataformas de conocimiento posibilitadas por las TIC


Colom Masfret, Dolors: “Las revistas profesionales: plataformas de conocimiento posibilitadas por las TIC”, Sedisa s.XXI, 2010, Nº 17.

Autora: Dolors Colom Masfret. ISSIS (Institut de Serveis Sanitaris i Socials). Revista Agathos, Atención sociosanitaria y bienestar. Directora Académica del Posgrado “Trabajo Social Sanitario”. Área de Ciencias de la Salud del Instituto Internacional de Posgrado de la (UOC) Universitat Oberta de Catalunya.

Nota de la Redacción: este artículo vuelve a publicarse en este número porque, en el Nº16, apareció una versión incompleta del mismo.

Dirección correspondencia: dolors.colom@revista-agathos.net

Presentación

En el año 2000 Richard Sennett publicaba “La corrosión del carácter” (Sennett, 2000) (1). Un magnífico ensayo sobre ese vivir inmerso en la tecnología. Un libro que señalaba cómo en algunas organizaciones el ser humano, merced a las tecnologías, pasaba a ser sólo una unidad productiva y lo profesional pasaba a un segundo o tercer plano. Se refería a las nuevas empresas sustentadas, parafraseando al mismo autor, por un "capital impaciente", un capital ávido de los rápidos rendimientos que marcaba el nuevo estilo empresarial.

En el libro, Sennett reflexionaba en paralelo sobre cómo la informatización de las organizaciones afectaba al trabajo y condicionaba, a su vez, la manera de ser de las y los empleados. Para ilustrar su argumento tomó un ejemplo personal vivido veinticinco años atrás cuando estaba escribiendo su libro "The Hidden Injuries of Class". Fue entonces cuando desarrolló una investigación en la que estudiaba a un grupo de trabajadores de una panadería de Boston.

Pasados los veinticinco años, regresó a la misma, comprobando cómo de la panadería que había conocido la primera vez cuando estuvo allí, no quedaba absolutamente nada. Se dio cuenta de que los trabajadores habían perdido "el contacto con los ingredientes" convirtiéndose en meros controladores de procesos a través de "pantallas" organizadas a la manera de "Windows" donde los iconos representaban todo tipo de panes: rusos, italianos, franceses, etcétera. Panes cuyas masas los trabajadores no veían, ni siquiera tocaban.

Escribía el autor, "el pan se ha convertido en una representación en pantalla". Así, siguiendo con el ejemplo de la panadería, reflexionaba sobre los pseudopanaderos que ya no sabían cómo elaborar el pan, que sólo eran capaces de interpretar unos datos en el escrito-rio de la pantalla y "juguetear" un poco para corregir defectos (demasiada sal, demasiada agua, poca levadura) cuando los veían. Unos defectos que deducían a través de los valores numéricos que indicaban la proporción necesaria de cada uno de los ingredientes. Explicaba como esos pseudopanaderos no podían arreglar las máquinas como los panaderos de toda la vida y lo que era peor, si siquiera podían elaborar el pan manualmente cuando dichas máquinas se estropeaban. Deducía que este sistema, transponible a multitud de empresas, producía una falta de apego en los trabajadores y, por tanto, una distancia con su actividad laboral. Otro aspecto que señalaba era que este sistema permitía la contratación de trabajadores menos cualificados lo que inmediatamente suponía retribuciones más bajas pero también que el producto o servicio resultante fuera de menor calidad.

Sennett abrió una línea de reflexión que algunos profesionales de la medicina sostienen respecto a que el médico debe, además, de aplicar las tecnologías a su alcance para emitir un diagnóstico, “explorar manualmente al paciente, hablar con él o ella”.

Otro autor que ha estudiado la influencia de las tecnologías en el conglomerado social es Román Gubern (GUBERN, 2000). En su libro, entre otro material señala la evolución progresiva de la informatización de la sociedad desde la aparición del primer ordenador, el Harvard Mark I, de Howard H. Aiken, construido en 1943 para la Marina de guerra estadounidense, con la finalidad de calcular trayectorias balísticas. El autor pondera la inteligencia artificial señalando el cerebro humano como una máquina de producción humana. Habla del superordenador orgánico que es este cerebro humano, que a parte de operar con millones de neuronas en paralelo puede almacenar un millón de megabits de información. Y resalta de ese ordenador orgánico que la complejidad neuronal sobre la toma de decisiones marca para él, el autor, la supremacía del cerebro humano, contemplando los muchos años de evolución, sobre cualquier otra máquina (2). Dos visiones que ilustran la realidad e integran ambos extremos, el que cede todo el protagonismo a la tecnología desapareciendo de la escena y el que a pesar de valorar la indiscutible importancia de la tecnología no pierde de vista que esa tecnología surge de un cerebro humano. Lo humano no desaparece, al contrario, lo sustenta.

El objetivo de este artículo es mostrar las dos caras de la moneda, cada una a un tiempo, sin perder de vista la otra, la oculta, la que, no por oculta deja de estar ahí. Es ver las gran-des e indiscutibles ventajas de lo digital en la creación y divulgación, en acceso al conocimiento, pero también es ver un riesgo, el cual, ahora tan sólo se intuye a modo de punta de iceberg. Ello es, pensando en un futuro próximo: ¿dejar las revistas profesionales digitales exclusivamente en la red puede suponer en unos pocos años el extravío de valiosos materiales de trabajo? ¿O acaso se garantiza para la eternidad el mantenimiento de las páginas web profesionales? ¿Cómo se mantiene y transmite ese conocimiento que si desaparece la Web madre que lo gestiona queda en manos de particulares que no editores? Ya es habitual que cuando uno desea acceder a web citadas en algún artículo aparezca el mensaje de que “la página no se encuentra”. Cosa que no ocurre cuando aquel texto, además, está resguardado en papel. Y los autores ¿Qué piensan al respecto?

¿Digital, papel o mixto?

Tiempos diferentes ofrecen fórmulas diferentes pero es útil proyectar al futuro los efectos de las decisiones tomadas hoy optando por cada una de ellas. Las dos caras de la moneda siempre acechando, por ello, en estos cruces de caminos es donde las editoriales, las entidades, deben sentirse responsables del material que atesoran, de que éste no se pierda y que, además, pueda accederse a él.

Las TIC y su progresivo uso

De la publicación de ambos libros han pasado diez años. Hoy en el 2010, en el mundo sa-nitario pocos profesionales pueden imaginar su actividad, su cotidianeidad, sin el apoyo las tecnologías: e-mail, celular, GPS, ordenador personal, BlackBerry, ipod, iphone, iPad, et-cétera. Las tecnologías se han convertido en parte de uno mismo y cuando por alguna razón fallan o interrumpen su prestación, se desatan los más insospechados e indeseables demonios. Dicho esto, la producción y transmisión de conocimiento centrará las líneas siguientes de este artículo. Las y los profesionales de hoy para preparar una presentación acuden directamente al icono en pantalla del programa empleado. Cuando deben comentar algo con otro profesional acuden al icono del sobrecito del e-mail. Cuando quieren hablar personalmente con alguien, acuden al celular. Y así se irían viendo comportamientos que ponen de relieve ese vivir totalmente inmerso en la era digital. Para las y los profesionales de este siglo XXI, la comunicación, la información, la transmisión de ideas, el trabajo en red, la colaboración, la generación de espacios virtuales de debate y discusión de asuntos profesionales, conforman una realidad totalmente distinta a la de hace tan sólo unos pocos años. Una realidad que brinda muchas ventajas ofreciendo a las y los profesionales un gran número de posibilidades para su carrera. Las TIC en los años noventa, incluso a finales de los ochenta, supusieron una gran trans-formación de medios para la mayoría de las y los profesionales del sistema sanitario, quienes, acabaron adquiriendo habilidades que inicialmente ni siquiera habían pretendido. Pero pasó el tren y a él se subieron. En su tiempo libre, de descanso u ocio, casi a modo de juego, ellas y ellos se iniciaron en el aprendizaje de los nuevos programas informáticos.

Presentaciones. Tratamientos de texto. Análisis estadístico. Bases de datos. Decodificación de textos. Planificación y programación. Las y los profesionales del sistema sanitario fue-ron pioneros como usuarios de ese nuevo espacio tecnológico, al alcance de casi todos, que se estaba conformando cuando todavía no se tenía una clara conciencia de que ello estaba ocurriendo y de o que ello significaría en un futuro. Ese futuro de entonces en el presente de ahora: una convivencia absoluta con la tecnología.

Así, por aquel entonces, algunas, algunos, con suspicacia, un día prepararon un boceto de presentación, de texto. Llegó otro día en que se atrevieron, no sin dubitaciones, con la primera exposición electrónica en público. Comprobaron con gran sorpresa las grandes venta-jas de ese nuevo formato digital frente al anterior formato convencional de transparencias o diapositivas. Además, los nuevos programas, contaban con los efectos llamados “de animación”. Las palabras o las letras de las frases caían al son de unos disparos, o de unas campanas, o de una máquina de escribir, o aparecían como si un bólido veloz atravesara la sala.

El público, entonces, como ocurrió cuando el cine mudo dio paso al cine hablado, se reía ante cada efecto en el cual quedaba atrapado. El discurso el conferenciante pasaba, a veces, a un segundo plano. Las presentaciones se sofisticaron, en algunas ocasiones en exceso y, dicho sea de paso, reforzaron a que, en algunos casos se diera más importancia a la espectacularidad de la exposición que a profundidad de los mensajes e ideas que trataban de transmitir.

Simultáneamente la creación de los documentos de trabajo diario, informes, propuestas, proyectos, se simplificaba. El almacenamiento de la información en bases de datos también ganaba adeptos y permitía la realización de una de las funciones profesionales básicas, la investigación aplicada. Ello animó, también, a la preparación artículos científicos. En para-lelo las editoriales de revistas profesionales también iban modernizándose y tomando posiciones en ese nuevo mundo marcado por lo digital. Ya no tenían que teclear de nuevo los originales de los autores. Éstos les llegaban en archivos digitales que sólo tenían que volcar en la maqueta original y realizar los ajustes pertinentes. El uso de las TIC era como una compra de tiempo y facilidades.

Poco a poco cada profesional fue penetrando en un mundo nuevo paralelo al de su particular disciplina que se tornó atractivo hasta resultar, en la mayoría de los casos, un impulso para la divulgación científica. El cerebro humano tenía que pensar, discurrir, estructurar el contenido, pero la forma ganaba en estética. La investigación dejaba de ser un territorio de uso exclusivo de la Universidad y se inmiscuía en la cotidianeidad de los servicios profesionales. El comunicado de experiencias, de estudios, de investigaciones, su intercambio, resultaba muy fácil, instructivo y nutritivo. La creación de textos, se insiste, no en el con-tenido sino en su elaboración y presentación se simplificaba. La corrección, también. La revisión de galeradas se vio igualmente agilizada. Muchos profesionales llegaron a un nuevo espacio de recomposición y estructuración de su conocimiento que las TIC socializaban (Turkle, 1995) (3). Pero las TIC, como se viene señalando, no suplantan al cerebro humano que piensa y razona más allá de los elementos, que toma decisiones, que recuerda tal publicación que hablaba de eso y que está en la estantería del despacho de la casa, o de la oficina. Las TIC son meros medios para facilitar el trabajo pero no lo hacen, en esencia. Sin el talento, sin la cultura, sin el conocimiento, sin la creatividad, sin el esfuerzo, sin el estudio, las tecnologías de la información quedan huérfanas de contenido. Las y los profesionales podrán beneficiarse de ellas en la ejecución de sus funciones pero no en el diseño y la planificación de éstas.

La sociedad del saber, las revistas profesionales y las TIC

A la sociedad actual se la califica como la sociedad del saber o del conocimiento. Autores como Peter Drucker y Charles Handy han llenado páginas y páginas en donde dejan constancia de esa Era en la que del conocimiento simboliza la nueva fuente de riqueza. La nueva fuerza del trabajo. Sobre todo del conocimiento aplicado. Pero ¿cómo se transmite dicho conocimiento? ¿Cómo llega a quien debe llegar y cuando debe llegar? ¿Cómo se explora? La respuesta está en las revistas profesionales, no en exclusiva pero sí en gran medida, éstas son una plataforma indiscutible e indispensable para la circulación y la transmisión de conocimientos, de los resultados sobre prácticas profesionales determinadas, de proposición de nuevas ideas.

Las TIC, en su sentido más amplio, han contribuido directamente a ello principalmente por dos aspectos.

- El primero está directamente relacionado con la elaboración de los documentos. Las TIC facilitan a los autores la preparación, la revisión y la corrección de los textos “en el aire”. Recordando que éstos los escribe alguien y, por tanto, se requiere a profesionales con algo que decir y comunicar y que, además, estén dispuestos a exponerse con sus ideas, sus propuestas, sus hipótesis, sus hallazgos, en público.

- El segundo está vinculado a la edición y transmisión dichos textos, a su difusión. Al abaratamiento progresivo de los procesos de publicación. Los costes de maquetación, impresión y distribución, el puerto natural de llegada de los materiales transformados en una revista profesional apreciada y valorada. Una revista científica en las que los profesionales confían y acuden por su calidad de contenidos.

Pero el mundo editorial de las revistas profesionales y científicas, muy distinto, financieramente hablando, al de otras publicaciones, está dando vida a un tercer aspecto: en plena transformación de sus procesos de producción se debate entre la edición en papel y la edición digital. Ese abaratamiento de costes todavía puede seguir, si se elimina el papel de la imprenta, el ensobrado y la distribución por correo convencional. La fuerte crisis económica actual las está llevando reducir ingresos, por una parte descien-de la contratación de publicidad y por la otra desciende el número de suscripciones. Así, para seguir ofreciendo sus contenidos a las y los profesionales muchas revistas científicas están pasándose a la edición digital. Una vez más las TIC permiten mantener dichas plata-formas de conocimiento cambiando sólo los soportes pero no los contenidos.

Las revistas digitales son una nueva posibilidad para que agrupaciones, asociaciones, fun-daciones, puedan controlar directamente la producción, asegurar su independencia y liber-tad de expresión, desarrollando y gestionando su propia plataforma. Los intereses de una revista profesional son claros: la importación y la exportación de co-nocimiento cuyo interés y calidad es la garantía de que las suscripciones, los clientes, con el tiempo lleguen a cubrir los gastos derivados de la edición y distribución, sea en el sopor-te y sistema que sea. Si fuera un ser vivo, toda revista científica y profesional, desearía ser leída. Los profesionales generan el material y los editores facilitan su transmisión Cuando los objetivos de los profesionales y los objetivos de los editores se integran dicha concordia favorece la producción científica y la distribución. También la generación de riqueza. Cada parte se ocupa de cumplir con su función y ambas se ven beneficiadas en sus aspiraciones. Los profesionales ven como sus trabajos se prodigan, en algunos casos incluso reciben compensaciones económicas por ello, y los editores también ven satisfecha su función empresarial de generar trabajo y obtener, a la vez, beneficios económicos.

Cuando los objetivos no convergen, por la razón que sea, razón que es preciso conocer, las y los profesionales deben evitar confundir los fines de la revista, la transmisión de conocimientos, con la maquetación, la impresión, el ensobrado, la distribución, etcétera. Los editores de las revistas profesionales, igual que los autores, se ve sometidos a unos principios éticos. Las TIC están cambiando los escenarios de publicación de las revistas profesionales pero no deberían cambiar los valores ni los fines que justifican su existencia. Lo digital no significa banalizar la actividad de creación y difusión de conocimientos. No puede ser un pozo en donde la anécdota se convierte en ciencia. La ética de las y los investigadores, de las y los autores, permanece inalterable. Lo digital permite, está permitiendo en muchos casos, dar continuidad a proyectos editoriales que en formato papel están resultando cada vez menos viables. Pero cabe una pregunta: ¿un proyecto que fracasa en papel puede triunfar en digital? ¿El futuro? Está en manos de los receptores, de los suscriptores.

Bibliografía:

- Sennett, R., (2000) La corrosión el carácter. Barcelona. Editorial Anagrama.
- Gubern, R., (2000) El Eros electrónico. Barcelona. Editorial Taurus.
- Turkle, S., (1995) La vida en pantalla. Barcelona. Editorial Paidós.

Notas de texto:

1. Sennett, R., (2000) La corrosión el carácter. Barcelona. Editorial Anagrama. 2. Gubern, R., (2000) El Eros electrónico. Barcelona. Editorial Taurus. 3. Turkle, S., (1995) La vida en pantalla. Barcelona. Editorial Paidós.

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