Editorial

Por Julio Mayol

Un mundo interconectado



El impacto de las redes en la vida de los seres humanos es uno de los hallazgos más relevantes del siglo XXI. Numerosos investigadores sociales están avanzando en el conocimiento de la manera en se propagan los comportamientos, no sólo políticos o religiosos, sino también los relacionados con el riesgo de enfermedad o los hábitos saludables. El estudio de la dinámica de estas redes nos ha enseñado que en algunas enfermedades, el “socialoma”, es decir, el conjunto de memes –unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente– dentro de un grupo puede ser más importante que los genes.

Por ejemplo, el grupo de Nicholas Christakis en la Universidad de Yale ha puesto de manifiesto que la obesidad o el tabaquismo se difunden como una enfermedad contagiosa a través de las relaciones personales. Resulta sorprendente comprobar cómo una persona puede contagiar su ganancia de peso a otra, incluso aunque se encuentren a dos o tres grados de conexión interpersonal.

La materialización de las redes sociales en la web 2.0 es un fenómeno que surgió hace poco más de diez años, aunque internet apareció a finales de los años 60 del pasado siglo como un proyecto de la Defense Agency Research Projects Agency (Darpa). Primero Facebook en 2004, a la que luego siguieron Twitter o LinkedIn, se han convertido en redes sociales en internet con un importante uso por la población general. Sin embargo, su desarrollo y auge dentro de las organizaciones sanitarias y su utilización por parte de los profesionales no se ha producido a la misma velocidad de la registrada en otros sectores.

Hay muchos factores para ello, que van desde los conflictos de privacidad y seguridad de la información que se puede compartir hasta la complejidad para medir el retorno de la inversión en términos de salud. Sin embargo, en los dos últimos años ha comenzado a cambiar la tendencia y han surgido innumerables iniciativas lideradas por profesionales, organizaciones y pacientes para analizar, promover y difundir sus acciones.

Todas las observaciones anteriores traen a primera línea una hipótesis importante para nuestro sector: ¿podríamos utilizar las redes sociales en internet para crear una epidemia de actitud colaborativa que mejore la sanidad? Los buenos hábitos también pueden diseminarse a través de las conexiones sociales, como ha demostrado el grupo de Christakis con el altruismo.

Y tal como se cuenta hoy en la revista, Pharmatalents podría ser uno de los resultados que valide la hipótesis. Se trata de un proyecto iniciado por Andreas Abt, y que en un corto espacio de tiempo ha conseguido reunir a un gran número de profesionales de primera línea del sector sanitario y de la industria farmacéutica. De manera totalmente altruista, estas personas con perfiles complementarios de diferentes niveles conectan, se relacionan, intercambian conocimiento. En momentos como los actuales, estamos necesitados de proyectos como éste que demuestren el valor de la colaboración e “infecten” a todos los agentes del sistema con dicha actitud.

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