Editorial

Por Joaquín Estévez y Mariano Guerrero

Sobre la profesionalización de los directivos de la salud



Desde su creación en 2004, uno de los objetivos principales de Sedisa, nuestra Sociedad, es la profesionalización de los directivos de la salud en pro de aportar resultados en salud, eficiencia y calidad asistencial, independientemente del partido político que gobierne.

Esta aportación constituye una prioridad, teniendo en cuenta el modelo sanitario de atención universal, así como el crecimiento y envejecimiento de una población con cada vez más enfermedades crónicas. Para ello, defendemos la despolitización de la gestión y la transparencia, de forma que el perfil de directivo debe establecerse como el de un profesional de la gestión, un cargo sometido a una evaluación objetiva basada en resultados asistenciales, económicos, de participación profesional y de lide-razgo social, dentro de un código de buena gestión directiva.

Sin embargo, según el Informe Profesionalización de los Directivos de la Salud de 2013, realizado por Sedisa, siete de cada diez directivos de la salud cree que la selec-ción del directivo sanitario depende de su afinidad política en mayor medida que de su experiencia en gestión, gerencial y/o clínica, y solo el 53 por ciento afirma haber dedi-cado tiempo a la formación en habilidades directivas durante el último año, mientras que más del 44 por ciento hace más de cinco años que no se ha formado en esta área.

Por otra parte, han venido apareciendo disposiciones legislativas que podrían dar so-lución a esta situación de falta de profesionalización de la gestión sanitaria, tales como el Real Decreto de Troncalidad de 2014, que describe las Áreas de Capacitación Específicas, o el Real Decreto de 2015 que regula los Diplomas de Acreditación Avanzada, si bien se trata de medidas parciales dado que la regulación propuesta no cubriría el cien por cien de los profesionales dedicados a la dirección y gestión sanita-rias. De hecho, el decreto de troncalidad solo es de aplicación a los profesionales mé-dicos, con especialidad previa, en lo concerniente a poder acceder a una Área de Ca-pacitación Específica.

También frente a la situación que describe el Informe Profesionalización de los Directivos de la Salud, este último año, con el cambio en los gobiernos autonómicos, están surgiendo diferentes iniciativas políticas en torno a la profesionalización de la gestión sanitaria, entendiendo que implementar una forma de gestionar los procesos asistenciales para aportar resultados en salud, ser eficiente, fomentar la calidad, profesionalizada y transparente, independientemente del partido político que gobierne, debe ser una prioridad para todas las comunidades autónomas.

Un ejemplo de ello es la moción aprobada por todos los grupos parlamentarios en la Asamblea de Madrid, para cambiar el actual sistema de nombramientos para la gestión de los centros asistenciales del Servicio Madrileño de Salud (Sermas) y que incide en algunos puntos básicos, como la profesionalización de la función directiva-gestora, el refuerzo de las estructuras de asesoramiento y participación profesional y la dotación de instrumentos para el buen gobierno y la buena gestión, entre otros.

Desde Sedisa queremos instar a los grupos políticos, instituciones sanitarias y parlamentos autonómicos y nacionales a la proactividad en la profesionalización de la gestión y aplaudimos iniciativas de este tipo, así como su puesta en marcha, al mismo tiempo que hacemos hincapié en la importancia de que no se queden solo en buenas iniciativas.

De hecho, es de destacar que, por primera vez, los programas sanitarios de los partidos políticos presentados en el marco de las elecciones generales del 20 de diciembre incluyen en algunos casos mención a la profesionalización de la gestión sanitaria.

En este sentido, debemos seguir trabajando e impulsando la profesionalización de los directivos de la salud. En relación con la formación y acreditación académica, donde el compromiso de las Universidades es fundamental, se deben adquirir conocimientos técnicos, habilidades directivas y actitudes que se sustenten en habilidades sociales, tolerancia y flexibilidad, así como de competencias tales como liderazgo, trabajo en equipo, integridad, ética, comunicación, dirección y desarrollo de personas, orientación a resultados y al cliente interno, entre otras.

Además, se deben establecer tramos de experiencia, en razón a la complejidad de las instituciones sanitarias, a través de los que se llevara a cabo una acreditación laboral realizada por las organizaciones sanitarias reconocidas en el Sistema Nacional de Salud, tras el ejercicio de un puesto de dirección, como sugiere el informe de Sedisa sobre la profesionalización de los directivos de la salud.

En la misma línea, es fundamental que las autoridades sanitarias con competencias en la formación apoyen los proyectos de profesionalización de los directivos sanitarios, tanto en el establecimiento de una carrera profesional, algo que Sedisa ya propuso durante su comparecencia en la Subcomisión de Sanidad del Congreso de los Diputados en 2013.

De hecho, en el seno del desarrollo de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias de 2003 y en el Foro Profesional del Sistema Nacional de Salud debe considerarse la Gestión Sanitaria como un área de Capacitación Profesional. Esto contribuirá a mejorar la estructura, organización y funcionamiento de nuestras instituciones y, por tanto, de los resultados económicos-asistenciales de la prestación de asistencia sanitaria.

La regulación objetiva, por objetivos evaluables, de los nombramientos y ceses de cargos directivos, debe ser un objetivo a conseguir.

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