Editorial

POR GONZALO VARELA

Hospital nuevo: alta tecnología y algo más


Director Médico. Hospital Universitario de Salamanca

A lo largo de 38 años dedicados a la práctica clínica en hospitales públicos, nunca he tenido ocasión de trabajar en un hospital recién construido. Mi actividad ha transcurrido siempre entre mobiliario más o menos desvencijado, goteras y obras destinadas a ampliar espacios que ya se habían ampliado previamente. Claro que esos espacios contenían tecnología moderna y, ante todo, estaban habitados por personal altamente cualificado.

Ahora, cada vez que contemplo los nuevos edificios en construcción que albergarán en breve el Hospital Universitario de Salamanca, me gusta pensar en los miles de personas que encontrarán la salud en un entorno más confortable y en los cientos de médicos jóvenes que aprenderán a tratar a sus pacientes con respeto, practicando una Medicina científica y sostenible.

Para muchos, un hospital nuevo significa disponer de la tecnología más moderna. Me parece bien esta idea, la tecnología es imprescindible, pero no me siento especialmente motivado por tener acceso a la última máquina que ha aparecido en el mercado. De hecho, siempre he intentado convencer a mis alumnos de que la mayor parte de los medios que necesita un médico se encuentran entre los dos huesos parietales. La tecnología es un plus.

En la actualidad, como director médico de mi hospital, mi prioridad no es contribuir a traer al centro aparatos con los que se pueden hacer procedimientos espectaculares. Creo que nuestra labor de directivos debería ir encaminada, en primer lugar , a conseguir que los enfermos, y no los profesionales, sean el auténtico centro de la actividad. Esto –que es fácil de decir– es muy difícil en la práctica real. Estamos acostumbrados a enseñar y practicar la Medicina por especialidades, que es lo opuesto a poner al paciente en el centro. La Medicina moderna es multidisciplinar y debe incluir no solamente a facultativos, sino a otros profesionales sanitarios que aportan valor al proceso asistencial. Además, se debe potenciar la interacción con los equipos de Atención Primaria para permitir la continuidad de los cuidados y ofrecer una atención integrada a la población pluripatológica, cada vez más numerosa.

Un hospital que nace con estas premisas es más difícil de diseñar porque ya no se limita a asignar espacios por especialidades, sino a conseguir una funcionalidad mayor que evite que haya pacientes que ‘no son de nadie’ o que reciban multitud de pruebas o procedimientos que no sirven para curar o mejorar la salud.

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Boceto de las nuevas instalaciones del Hospital de Salamanca.

Además de lo anterior, creo que una prioridad de los directivos es promover que las indicaciones diagnósticas y terapéuticas se fundamenten en un razonamiento clínico correcto más que en la aplicación inmediata de técnicas complejas cuyos valores predictivos muchas veces desconocemos. He hecho muchas veces el experimento de preguntar a un facultativo cuál es la tasa de falsos negativos –o positivos– de la técnica diagnóstica que realiza. La respuesta, en la mayoría de los casos, viene de la literatura, no de la propia casuística. Este ejemplo insignificante refleja un hecho de extrema importancia: nuestros sistemas de información son muy mejorables.

La implantación de rutinas de mejora continuada de la práctica asistencial debe estar basada no solo en la aplicación de las mejores evidencias científicas disponibles, sino en el análisis no sesgado de la propia experiencia y la comparación con pares. Estoy convencido de que la inversión en buenos sistemas de información reporta muchos más beneficios en salud a la población general que la compra de equipamiento sofisticado.

Tampoco es necesaria alta tecnología para promover la adopción de prácticas seguras a través de la implantación de listas de comprobación y otros medios cuya efectividad en la prevención de efectos adversos está más que demostrada. Un simple lavado de manos es más efectivo que disponer de antibióticos de última generación y una mala indicación puede tirar por tierra una inversión millonaria en equipamiento quirúrgico.

No quisiera con este editorial renegar de la alta tecnología; la he utilizado muchos años y creo que un hospital moderno debe estar dotado del equipamiento necesario. Sin embargo, creo que debemos reflexionar, poner la tecnología en su sitio y fomentar las buenas prácticas clínicas. Tenemos que hacer una labor educativa muy importante para contrarrestar el consumismo tecnológico que ha invadido la Medicina actual y esto es responsabilidad de los equipos directivos.

Por Gonzalo Varela
gvarela@saludcastillayleon.es

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