Editorial

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Sociedades Científicas: una apuesta necesaria


Isabel Tovar García, vicepresidenta de SEDISA.

A veces estamos tan absortos en el trabajo diario que perdemos la capacidad analítica de muchos de los acontecimientos que nos rodean y no nos planteamos algunos conceptos que, probablemente, ha llegado el momento de replantearse.

Conceptos que deberíamos desgranar y ver si aún siguen sirviendo o son viejas formulas ante nuevas épocas. Porque está claro que esta época que nos ha tocado vivir los últimos años es nueva, tortuosa, complicada y apasionante.

Hablamos continuamente de crisis y ya empezamos a correr el riesgo de convertir la palabra en un vocablo manido, un tópico más a incorporar a nuestros discursos. Y eso sería no sólo un gran error, sino también la pérdida de una gran oportunidad. Todas las crisis encubren grandes oportunidades. La oportunidad de analizar situaciones, recursos, estrategias y formas de actuar. La oportunidad de poder realizar cambios de tendencia, orientando nuestras actuaciones hacia la excelencia.

La oportunidad de eliminar malos hábitos, convencionalismos, ineficiente asignación de recursos insuficientes y tantas otras actuaciones incorrectas que cada día repetimos en nuestra forma de dirigir organizaciones. Y esto lo hacemos aún a sabiendas de que podríamos hacerlo de otra manera. Podríamos y sabríamos, y eso es lo realmente importante. Los directivos sanitarios, al igual que el resto de directivos del mundo, saben sobre su oficio y saben cómo desempeñarlo de una forma coherente.

Sin embargo, nos encontramos con demasiadas dificultades y hemos cometido el tremendo error de aceptarlas como imponderables. Reivindicamos libertad de actuación, queremos que se nos considere “técnicos”, huimos de que se politice nuestra actividad, luchamos por profesionalizar nuestra labor y hablamos, hablamos… y hablamos de todo ello en múltiples foros. Parece que, al repetir nuestro discurso entre colectivos ajenos y entre nosotros mismos, pudiésemos reafirmarnos en nuestras reivindicaciones. Pero está claro que, hace ya más de 20 años, mantenemos el mismo discurso y los resultados no son los que esperábamos. Por eso, aquí, en nuestro SNS, y ahora, en el corazón de esta crisis de nuestro recién estrenado siglo XXI, tenemos el marco apropiado para intentar de nuevo, con fuerzas, con ilusión y con esperanza, dar sentido a esta maravillosa profesión nuestra: gestionar la atención sanitaria.

Pero, para ello, debemos liberarnos de miedos, tabúes y servilismos y emprender esta nueva batalla con la seguridad de que, esta vez, podremos triunfar.

Porque la gestión sanitaria ya no es esa labor de imponer estrategias, ya que actualmente los profesionales pueden y deben gestionar su actividad en el marco competencial de sus habilidades. Los profesionales sanitarios ya saben que conseguir optimizar su labor es una responsabilidad más y que, si ellos mismos no se organizan en aras a la eficiencia, corren el riesgo de ser organizados por otros profesionales que pueden saber menos que ellos sobre sus auténticas necesidades.

Los directivos, por tanto, ahora sólo deberían concentrar sus esfuerzos en reforzarse como líderes y en facilitar las cosas al resto de la organización. Ya nadie discute que las organizaciones deben ser “conversacionales”, que es necesario hablar, hablar…y hablar, y también escuchar, escuchar… y escuchar con y a todos los sectores implicados para conseguir una planificación sanitaria óptima.

Tendríamos que replantearnos cuánta responsabilidad tenemos nosotros mismos en algunas de las desventuras de las que nos lamentamos. Porque la auténtica realidad es que nadie esclaviza ni impone formas de actuar, ni politiza, ni humilla, ni desmotiva, ni minusvalora, ni deja de incentivar, ni expone a profesionales con todo el poder de actuación, ni obliga a firmas de acuerdos leoninos o improcedentes, etc.

Y, desde luego, nadie lo hace si no encuentra enfrente personas que lo consientan. Quizá ha llegado el momento de que los directivos sanitarios den un paso al frente y dejen los lamentos al margen y se esfuercen en lograr la cuota de respeto y profesionalización que hace años que reivindicamos. No es difícil llegar al convencimiento de que enfrente no tenemos enemigos, sino personas con diferentes responsabilidades que también están deseosas de hacer su trabajo lo mejor posible y para ello nos tienden la mano. Nos piden ayuda porque nos necesitan tanto como nosotros a ellos.

Para poder afrontar ese nuevo reto tenemos que refirmar el papel de las sociedades científicas. Una sociedad científica ya no es una marca que consideramos un complemento en el contexto de nuestra actividad directiva. El asociacionismo es necesario e imprescindible para dignificar y optimizar nuestras competencias. Podemos hablar de dos tipos de asociaciones: Las “Sociedades” científicas, donde la importancia real se la damos al término “sociedad con mayúsculas”, con todo lo que ello implica. En este lugar estarían las relaciones entre socios, la divulgación de actividades, la difusión de valores y metas de un fuerte colectivo de profesionales que se unen para hacer una gran masa crítica en defensa de la excelencia profesional. Hay otro tipo de asociacionismo, las sociedades “Científicas”, que ponen el énfasis en la palabra “científica” y tratan de reforzar la difusión del conocimiento científico. Éstas no se ocupan del valor de la unión profesional, sino que tratan de potenciar el conocimiento como gran herramienta en el desempeño de una actuación directiva de calidad. En esta segunda forma tendría cabida la organización de eventos científicos, encuentros, congresos, foros y diversas formas de puesta en común presencial o virtual entre todos los implicados.

Nuestra gran apuesta de futuro está clara: unir ambas competencias y conseguir “Sociedades Científicas” que se ocupen del conjunto. Ya no podemos limitarnos a una de esas facetas aisladamente, porque resulta imprescindible ejercer competencias en ambas. Porque necesitamos convertirnos en grupos de personas con intereses comunes en el perfeccionamiento de la función directiva y, para ello, necesitamos un gran angular. La visión no puede polarizarse hacia una sola actividad que, en una primera fase, pudo servir y sirvió, pero que, en el momento actual, resulta necesario completar enfocando otras muchas vertientes. Las “Sociedades Científicas” en gestión sanitaria deben ampliarse, y ya no podemos limitarnos a que las integren directivos de hospital. Ahora la función directiva la ejercen otros muchos profesionales implicados en otras facetas de atención. No hablamos sólo de Atención Hospitalaria sino también de Atención Primaria, Atención Socio-Sanitaria, Salud Pública y cualquier otra función realizada por todos aquellos profesionales implicados en conseguir una atención sanitaria de calidad.

Y es fundamental ejercer esa amplitud de miras en todo el territorio español. No podemos cerrarnos a movernos en el límite de nuestras comunidades autónomas, porque sólo aprovechando las sinergias de todo el país conseguiremos resultados óptimos. Ello conlleva la gran responsabilidad del ejercicio de madurez que supone relacionarnos entre nosotros sin considerar colores políticos o estrategias de gestión partidarias y localizadas. Sólo permitiendo evaluaciones conjuntas y permitiendo fluir experiencias de gestión conseguiremos los máximos beneficios. Y eso conlleva mirar de otra forma y hacia otro horizonte. Todo ello con el convencimiento de la necesidad de crear un movimiento asociativo que nos deje percibir de forma clara y veraz qué está ocurriendo fuera de nuestros despachos. Si no tenemos la generosidad necesaria para quitarnos el traje de bombero apagando el fuego que se declara en nuestro entorno inmediato, no progresaremos en nuestra responsabilidad de potenciar una gestión sanitaria de calidad, comprometida y eficiente.

Trabajemos, por todo lo anteriormente expuesto, para reforzar nuestras sociedades, abriéndonos a todos los ámbitos que estén implicados en el ejercicio de nuestras competencias. Sólo aprovechando esas sinergias, conseguiremos los mejores resultados. Y, sobre todo, solo así desempeñaremos el deber que asumimos al representar a todos los socios que confiaron en una sociedad científica. Así tendremos la seguridad absoluta de que, juntos, avanzaremos en la lucha por ocupar el espacio que nos corresponde.

Isabel Tovar García es vicepresidenta de SEDISA y coordinadora de Proyectos Técnicos en Salud de la Consejería Sanidad y Dependencia de la Junta de Extremadura.

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